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299 días en la oscuridad: secuestrado por Al Qaeda en Siria

Al otro lado del cabo del miedo, donde la muerte hace ya tiempo que se desea más que se teme, el último y más puro átomo de dignidad eclosiona. De la nada al infinito. Una versión del Big Bang aplicado a la existencia humana: una energía incomparable, capaz de crear un nuevo universo. El 11 de abril de 2016, el periodista ANTONIO PAMPLIEGA (Madrid, 1982), sometido a cautiverio en Siria por Al Qaeda desde mediado julio de 2015, espetó a sus captores: “Matadme ya, no os aguanto más”.

Diez meses que arrancaron como un drama y tuvieron la insufrible capacidad de ir a peor. Los últimos siete, Pampliega los agonizó aislado de sus compañeros Clic para tuitear

La explosión sonó mucho más rotunda que cualquier simulacro de ejecución, habitual desde que sufriese, junto a sus colegas Ángel Sastre y José Manuel López, una emboscada del citado grupo terrorista vendidos, parece, por quien debía de ser el traductor del trío en la zona. 299 días en la oscuridad, hasta la feliz liberación del 7 de mayo de 2016. Diez meses que arrancaron como un drama y tuvieron la insufrible capacidad de ir a peor. Los últimos siete, Pampliega los agonizó aislado de sus compañeros, ya que un equívoco procedente del exterior lo convirtió en sospechoso de ser un espía. Tuvo que morir en vida para resurgir y sobrevivir así a una muerte que ya se ha llevado a más de 200 periodistas en Siria, varios amigos suyos.

Con experiencia y reconocimientos por su labor periodística en conflictos bélicos desde 2008, era su undécima visita a Siria en cinco años. Sabía dónde iba y cómo iba: abandonado por una profesión que en España ya hace demasiado que le cuesta ser digna del oficio al que pertenece. Sin presupuesto y sin protección. Arriesgando su vida con la certeza de que en su casa seguiría sin ser él quien pagara las facturas, pero con el fuego en el alma de saber que el pueblo sirio, aplastado por la guerra más devastadora de este siglo, necesita que se visibilice y denuncie el infierno en el que han convertido su país. El compromiso con un mundo mejor sólo puede continuar y ahora se añade un nuevo matiz con este relato inspirador, donde se contagia a quien lo escucha la dignidad suficiente para saberse capaz de superar cualquiera de los secuestros que nuestra realidad parece querer imponernos.

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