Aprendamos a aprender

Nuestro modelo de conferencia motivacional arranca con la colección fotográfica ‘Pies de foto, obra de Alfonso Reyes, y con la primera confesión de Javier Hernández al irrumpir en escena: “Todo lo que acaban de ver, lo hago sólo porque es posible”. A partir de ahí, todo avanza por donde menos se espera y, creemos, más necesario es todavía. No enseñamos nada más de la misma porque el ánimo es que asistas a una de ellas y la descubras en directo, pero el ánimo siempre es ir más allá de la enseñanza y pasear por el aprendizaje de todos con todos.

Aprender es necesario siempre, hasta el último día. Y la vida es una oportunidad para ello… desde el primero. Durante la niñez y la juventud se crece en la falsa ilusión de que llegada a una temprana edad adulta ya habremos aprendido todo lo necesario y no hará falta más. Esta incierta certeza queda tan tatuada en nuestro consciente, que es frecuente cometer la inconsciencia de incomodarse ante cualquier posibilidad de aprendizaje más allá de la treintena. Ya no digamos a partir de los cuarenta y más.

Aprender es un acto vital, cosido al hecho de vivir y estar vivo. Genera incertidumbre y hasta vértigo, pero lograrlo nos multiplica. Clic para tuitear

Aprender es un acto vital, cosido al hecho de vivir y estar vivo. Genera incertidumbre y hasta vértigo porque siempre el siguiente desafío es el más exigente e incierto, pero lograrlo nos impulsa espiritual y anímicamente mucho más allá de lo que pudiesen apuntar las mejores previsiones. Poniéndonos algo metafísicos, siempre recomendable de vez en cuando, el aprendizaje es un alimento para el alma. “En ocasiones hay que aprender incluso aunque no haya nadie cerca que pueda enseñarte con exactitud -cuenta Javier y prosigue-. Estés o no acompañado, yo he tenido la suerte de estarlo muy bien siempre, habrá más de un aprendizaje que debas asumir por tu cuenta. Sin nadie capaz de hacerte una demostración práctica como prólogo. ¿Cómo poner pasta de dientes en un cepillo con los pies? ¿Cómo limpiar los cristales de las gafas o escribir con un bolígrafo con las mismas herramientas? Y como éstas, muchas otras menos físicas y extremas, pero que también sirven como ejemplo”.

Hay veces, cada vez más en un mundo que avanza tan rápido y que obliga a un reciclaje profesional y hasta personal constante, que seguir aprendiendo va más allá de la virtud y se convierte en una necesidad. No importa cuánto hayamos ya aprendido. Aprendamos a ello. Aprendamos a no dejar de aprender.

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