Céntrate en lo que tienes

El titular es un falso amigo. Optas por él porque envuelve el sentido completo de este texto, pero sabes que no va a hacerle justicia hasta que la lectura avance unas líneas. Y, lo peor, puede crear un efecto disuasorio para quien lo vea y piense que aquí se proponen ejercicios de conformismo y resignación. Es un riesgo que se corre porque eso es, exactamente, el riesgo que plantea: arriesgarnos a no centrarnos en lo que nos falta, sino en lo que tenemos. Y hacerlo de un modo audaz, invitando a optimizar cada gota de potencial que haya en uno mismo, sin permitirnos desperdiciar ninguna.

Por dejarlo resuelto antes de abrir más párrafos: es obligación de una persona, y aquí lo subrayamos, exigirse llegar al 100% de su potencial, sea el que sea. Cada uno tiene el suyo, no importa dónde esté, sólo importa que, esté donde esté, llegue a él. Y se exige no por ningún ánimo impositivo, sino por la certeza muy comprobada de que ahí, en la convivencia con la mejor versión propia, habita buena parte de la felicidad pura de cada ser humano.

Aclaremos, porque todavía es necesario, que no hace falta tener una discapacidad para poder sentir que lo que falta merece más atracción que lo que se tiene. No existe un mecanismo más universal que la imperfección, todos lo somos de alguna manera, en ocasiones mucho en muchas, pero según en cuál de los dos hemisferios nos centremos, terminaremos siendo de un modo o, casi, del contrario. Es legítimo lamentarse por lo que no tenemos o no se nos ha dado y a la gran mayoría de los demás sí, por lo que no se nos da bien o por dónde y cuándo no nos acompañó la suerte, pero no es recomendable. Porque el lamento sólo detiene y hiere. Un suspiro impulsa, más de uno… ancla.

Por supuesto, no es poca ausencia la de no tener brazos en un mundo diseñado para tenerlos. Y seguro que fue motivo para más de un suspiro. Pero ahí, casi como en cada ocasión en la vida de todos, se plantea un cruce de caminos. Chocarte con lo que no tienes o avanzar con lo que tengas. Y ahí, también como siempre, por más opiniones, consejos, presiones, resistencias y demás vectores externos, la decisión final, la verdadera, la toma uno consigo mismo.

De los pies a la cabeza

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