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El príncipe niño que no reinó y ahora es sabio

Que te consideren el mejor del mundo con 13-14 años es un atrevimiento lleno de veneno. Atrevimiento de quien te considera y veneno para el considerado. JACINTO ELÁ, de origen y padres guineanos, fue nombrado mejor jugador infantil del mundo en la Nike Premier Cup de Manchester, cuando integraba el Infantil A del RCD Espanyol de Barcelona tras imponerse en la final al Borussia Dortmund. “¿El mejor del mundo?”, se preguntaba mientras recibía el premio… “Si ni siquiera soy el mejor de mi equipo”, zanjaba con una clarividencia interna que explica su luminoso presente.

El fútbol apenas coloreó su infancia y tampoco permitió que secuestrara su porvenir. Sin contacto reseñable con el balón hasta que su madre decidió mudarse de Fuerteventura a Barcelona, con él y sus dos hermanos pequeños, cuando Jacinto apenas sumaba nueve años de vida, su irrupción en el fútbol base catalán generó un terremoto de expectativas que sólo supieron resistir sus sólidos cimientos humanos. Quizá impaciente por asomar en la elite, o perspicaz por olfatear cuál podía ser su futuro inmediato, quiso ser dueño de su destino: rozó el profesionalismo en el Southampton inglés, pero se prometió retirarse a los 24 si no había llegado a la elite.

Lo hizo a los 26, tras una docena de intentos obstinados e imperfectos. No ha terminado cura, una frecuente salida laboral en su familia para los buenos estudiantes. “Iba para estrella del fútbol y he acabado siendo cosas mucho mejores, como Rey Mago”, escribe con una sonrisa en el epitafio de una carrera que nunca terminó de ser. Pero su vida, ya diez años después de su retirada, asciende varios kilómetros por encima de su presunta cima. Educador infantil en Poble Sec (Barcelona), es un centinela social con un bagaje infinito para compartir reflexiones tan universales como la gestión de las expectativas, la adaptación a cada medio, la toma de decisiones, la vida como ensayo, la excelencia en la ética, la asunción de responsabilidades, el racismo invisible… Todo y más se proyecta en sus conferencias y en sus ya dos libros. Ojalá pase de ser un futbolista que escribe a un escritor que jugó al fútbol.

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