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Dedícale más tiempo a la solución

Cuando la sabiduría oriental o la indígena americana hablan, conviene atender. Si ambas coinciden, detenerse y poner toda la concentración es obligado. Es el caso. Las dos, con diferente acento pero con mismo tono, educan en dedicarle más tiempo a la solución que al problema.

Contra cualquier tentación de entender la frase como una invitación al descuido y a la levedad respecto a algún inconveniente que se nos presente, aclaremos que la pretensión del mensaje es el contrario. Al problema hay que dedicarle todo el tiempo que necesite y, por si acaso, varios repasos más. Sólo entendiéndolo y comprendiendo todos sus perfiles se podrá resolver de veras. Una vez parado el cronómetro ahí, todo el tiempo restante ha de dedicarse a la solución del mismo. Porque, como desde allí siempre insisten: si es un problema, es porque tiene una solución; y si no la tiene, es, únicamente, porque no es un problema. Será cualquier otra cosa, pero no un problema. En un caso no hay que preocuparse demasiado y en otro, no hay que ocuparse apenas.

Humana y modernamente, aunque quizá no aporte demasiada sabiduría, tendemos a poner una tienda de campaña en cada problema y empadronarnos allí. Merezcan o no el apuro. Los exploramos por norte y sur, este y oeste, vamos y volvemos sin salir de ellos, desgastándolos y manoseándolos sin atravesar su coraza como si, en una suerte de Síndrome de Estocolmo, a veces se terminase prefiriendo problema conocido que solución por explorar. Como si sólo unos grados de cierto masoquismo nos diera la temperatura ambiente deseada y nos acomodara en una vida que, por más que duela a veces, nunca puede ser doliente. Ni resignada. A la vida hemos venido a vivir, dure lo que dure, en las duras y en las que menos maduras.

No hagan caso a los guiños y seducciones que puede intentar cada problema para que echemos el ancla en él y no lo abandonemos nunca. Aunque quiera convencernos de lo contrario, él nunca abriga y fuera nunca hace más frío que dentro. Su único arte es el secuestro. El reto está ahí y lo tenemos todos, porque cada uno tenemos los nuestros y, de un modo natural, los nuestros son los más importantes. Quien le dedique más tiempo a la solución, estará más cerca de resolver un problema. Y quien se acostumbre a resolverlos, vivirá en un lugar privilegiado: la solución.

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