Del aviso de desahucio a soñar en el ático

El cabezazo para la historia de Manu García, sobre la línea y sobre la hora, tiró sal a los ojos de un Real Madrid, inaudito por su impotencia, que afronta un par de semanas de travesía por el desierto pisando chinchetas. No se pretende aquí entrar en un quirófano que sufrirá un irrespirable exceso de cirujanos. Observaremos atentos el diagnóstico de los especialistas mientras le ponemos el foco a los protagonistas felices de una historia que, diez meses después, sostiene uno de los más imponentes ejercicios de escalada vertical que se recuerda.

De la mano de Abelardo y a lomos de jinetes para una época en el ‘Glorioso’ albiazul, el Alavés ha pasado del aviso de desahucio pegado en la puerta de su domicilio a convertirse en uno de los improbables inquilinos en el ático de la Liga. El técnico asturiano, sin trayectoria previa fuera de los banquillos del Molinón, aterrizó en Vitoria el pasado 1 de diciembre para aplicarle un masaje cardiaco de urgencia a una plantilla que, en apenas trece jornadas de la Liga 2017-18, ya habían trabajado con dos entrenadores (el argentino Zubeldía y el italiano De Biasi) y que parecía resbalarse sin remedio ni futuro en la máxima categoría, con solo seis puntos sumados: dos victorias y once derrotas. A seis de la salvación, que marcaba entonces el Deportivo de La Coruña. Podría parecer poca desventaja ahora, con el impulso de quien suma casi siempre y gana a menudo. Lo cierto es que no había valiente, a finales de noviembre en la plaza de la Virgen, capaz de sostener que el retraso era poco.

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