Hacer todo con todos

Vamos con retraso, pero vamos a la cocina: ahí donde se cuece casi todo. La cocina de nuestras vidas acostumbra a ser la infancia. Qué se vive y cómo se hace marcan el rumbo de los años venideros de un modo ya difícil de corregir, sobre todo, si la dirección no es la adecuada. Podríamos poner el foco sobre algún defecto que ilumine a lo que se comenta, pero vamos a centrarnos en un exceso… que viene a tener un efecto parecido. Hablamos de sobreprotección, en este caso, de padres a hijos.

Antes se consideraba que los padres sobreprotegían a sus hijos cuando nacían con una discapacidad o ésta le sobrevenía. De unos años a aquí, la sensación es que esa sobreprotección se ha generalizado todavía más y afecta a la inmensa mayoría de padres e hijos. Parte la editorial de la cuidadosa y delicada premisa de que el concepto es muy subjetivo y cada uno puede poner la línea donde considere, según su propia sensibilidad. Se acepta, claro, pero se aplaude la valentía porque sólo educando en ella la sociedad del futuro será una sociedad valiente. Y ambos, futuro y sociedad, necesitan que así sea.

Valiente, además de esforzada y honesta, resultó la educación de Javier, quien hoy guía del mismo modo los primeros pasos de esta recién nacida Asociación. Y lo fue porque sus padres lo fueron. Valientes, esforzados y honestos. Como reza nuestra filosofía, apostaron por vivir con su realidad y no contra ella, centrándose en lo que se tenía y no en lo que faltaba y dedicándole más tiempo a buscar soluciones que a fatigar problemas. Y el centro de gravedad resultó innegociable: hacer todo con todos. Casi siempre con los pies cuando el resto lo hiciese con las manos. Pero con todos. Siempre. Y animando a volar, aunque pareciera no tener alas. Estarían ahí para lo que fuese necesario, pero sólo para lo necesario; es decir, antes de pensar que necesitaría ayuda por no ser capaz de hacer algo, tenía que haberlo comprobado por sí mismo.

Ahí, en la educación que protege impulsando y no conteniendo, debería estar el futuro de todos. Ahí y en la convivencia de todos con todos siempre que haya la más mínima oportunidad de ello. Porque la vida, luego, fuera del hogar y de la clase, va a obligar a convivir con todos y a volar. Aunque creas no tener alas.

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