• Home
  • /Blog
  • /“La persona que soy ahora me gusta mucho más que la de antes”

“La persona que soy ahora me gusta mucho más que la de antes”

Nuria Rivas (Zaragoza, 1976) tuvo que abandonar el baloncesto cuando a mediados del año 2000 le diagnosticaron un cáncer de huesos. Tras seis años de intervenciones y tratamiento, tomó la decisión de amputar su pierna. De esa experiencia traumática, confiesa, nació una nueva persona que incorpora, evoluciona y mejora a la que siempre estuvo. Nuria será una de las conferenciantes en el evento multiconferencia De los Pies a la Cabeza.

¿Tienes la sensación de haber vivido dos vidas en una?

Más que dos vidas, siento que era una persona antes y soy otra algo diferente después. En mi caso tuvo que ver con la enfermedad, pero mucha gente puede sentirse así sin pasar por un proceso traumático. Para mí hubo un punto de inflexión en el 2000, a partir del diagnóstico, que supuso un nuevo nacimiento a todos los niveles. Y hoy en día me reconozco como una persona diferente.

– Dos personas en una sola vida, entonces…

En realidad, la persona que yo era antes fue necesaria para llegar a la de ahora, por todas sus vivencias, sus aprendizajes, sus frustraciones… Fue un continuo, una evolución. Hay un hilo común y de él surgieron nuevas versiones de mí misma.

– ¿Has logrado conciliar esas versiones?

La persona que soy ahora me gusta mucho más que la que era antes. Si hoy me dijeran: ‘Te devolvemos la pierna y vuelves a ser como eras entonces’… no estoy segura de que tomara esa opción. Las frustraciones que pueda tener hoy día no tienen que ver con la pierna, sino con cosas que ya estaban ahí antes. Entonces no le daba importancia a lo que tenía. Ahora valoro muchísimo todo lo que he aprendido. Son regalos que me han ido viniendo. Tengo un colchón de felicidad que siempre está ahí: no es que viva siempre encima de él, pero reboto y vuelvo. Ahora veo las cosas con un brillo que antes no existía.

Nuria Rivas

– Cuando hablas para un público, ¿logras transferir ese aprendizaje a personas que no han pasado por una experiencia equivalente?

Creo que sí que se transmite, aunque tienes que medir bien el modo de hacerlo porque a veces puedes generar frustración: la sensación de que ellos no tal vez no reaccionen como tú o no puedan hacer lo que tú has hecho. Yo siempre fui muy inquieta y eso me ayudó porque me di cuenta de que, aunque las cosas cuesten esfuerzo, se pueden hacer. Y si se pueden hacer, se llega a hacerlas. Eso sí que me gusta transmitirlo.

– Hacer ver a las personas la fuerza que tienen dentro.

Todos somos capaces de soportar mucho y sobreponernos. Yo supe enseguida que mi situación requería que pusiera todo en juego. Y esa actitud, ante cualquier situación de la vida, marca la diferencia.

– ¿Se aprende a ayudar cuando has necesitado tanta ayuda?

Yo me he dado cuenta de que una experiencia así te flexibiliza la mente y el corazón y te hace más empática con las vivencias de otras personas, aunque no tengan nada que ver con la tuya. Ahora comprendo mejor a los inmigrantes o a las personas en riesgo de exclusión, por ejemplo, y siento que sus emociones pueden ser las mismas que las mías, aunque provengan de otra experiencia. También me pongo en el lugar de gente
que vive su día a día con preocupación, sea el que sea… incluso algo cotidiano como formar una familia, y me parecen héroes y heroínas.

– Las cosas que nos faltan no siempre son físicas… pero que no se vean no significa que sean menos importantes.

Con una enfermedad como el cáncer la suerte es que todo el mundo te apoya y está a tu lado. Yo me sentí muy acompañada y muy querida y todo el mundo respetaba mucho mis ritmos, mis emociones, mi manera de expresarlas. Lo duro viene después, cuando te recuperas y la gente ya no te ve físicamente mal y ya no percibe tanta necesidad de ayuda. Y es entonces cuando más falta hace.

– ¿Como lograste que te vieran en ese momento?

Me costó más hacerme entender. Tienes que aprender a expresar tus emociones para que los demás las comprendan… y eso no es fácil. En esa época no era fácil manejar mi situación y mis reacciones. Yo no quería renunciar a nada, estaba desaforada, no podía soportar eso de dejar de hacer algo hoy para hacerlo mañana u otro día. Y es complicado que otra persona se adapte a eso, porque su perspectiva no es la tuya.

– La urgencia por vivir se te había multiplicado…

Claro, yo tenía miedo a no vivir, a no hacer cosas. Todo eso genera un estrés y hay que ajustarlo, gestionarlo.

– ¿Cómo se le explica a todo el mundo que eres otra persona?

A pesar de haber superado la enfermedad, sigues necesitando que sigan ahí. Y que lo hagan teniendo en cuenta que la persona a lo mejor ya no es la misma; que sus perspectivas y sus emociones han podido cambiar… y que quizás no sabe manejarlas bien. Hace falta trabajar muy bien las emociones. Algo que todos deberíamos hacer: saber poner en palabras nuestra ansiedad. Saber de dónde viene todo y saber expresarlo. Eso necesita esfuerzo y voluntad, no es sencillo. Tienes que rehacer de nuevo todos los vínculos. Volver a reconocerte tú mismo y que te vuelvan a reconocer los demás.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*