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La vuelta a la normalidad: lo que nadie nos cuenta del cáncer

Amante del deporte en general y del baloncesto en particular, tuvo que abandonar éste último cuando, a mediados del año 2000 le diagnosticaron un cáncer de huesos en una rodilla, que le obligaba a empezar una nueva vida. NURIA RIVAS (Zaragoza, 1976), tras seis años de intervenciones, tomó la decisión de amputar la pierna y, desde entonces, busca nuevas formas de expresión corporal, con la natación y la fisioterapia como grandes aliados. Técnica Auxiliar Sociocultural en dos Centros Cívicos municipales de la capital aragonesa, compagina su tiempo de trabajo con una agenda repleta de actividades de ocio. Dedica infinidad de horas a la semana a la entidad a la que pertenece y representa: la Asociación de Personas con Amputaciones y Agenesias de Aragón (ADAMPI-Aragón), fundada en 2006.

Si tienes la inmensa fortuna de recibir el alta médica de un cáncer, cualquiera que sea, se genera un fenómeno de feliz descompresión a tu alrededor que hace que tu entorno, más y menos cercano, se resetee y crea que todo es como fue siempre. Y… Clic para tuitear

“La vivencia que supone haber pasado por un cáncer hace que te plantees tu vida, a partir de ese instante, de una forma muy especial. Sabes que ya no eres la misma persona que antes. Asentar la experiencia e integrar el nuevo bagaje no se consigue de la noche a la mañana. El necesario aterrizaje tras las turbulencias tarda años en producirse. En el día después a superarlo, y en todos los siguientes, nadie te cuenta lo que vas a vivir, lo que vas a precisar para recuperarte. Se trata de un vacío cognitivo que, como seres humanos y como sociedad, nos debemos resolver. Con la enfermedad y las secuelas, la comprensión de las personas que te conocen, y hasta la comprensión social, es fluida, natural, sincera y abundante. Si tienes la inmensa fortuna de recibir el alta médica de un cáncer, cualquiera que sea, se genera un fenómeno de feliz descompresión a tu alrededor que hace que tu entorno, más y menos cercano, se resetee y crea que todo es como fue siempre. Y nada o casi nada lo es. Si cada experiencia vital te modifica, imaginemos ésta. Se viene de convivir con la más dura de las incertidumbres y reubicarse tras una sacudida emocional tan salvaje es muy exigente. A día de hoy, parece un proceso invisible, porque no se reflexiona sobre él ni se comparte. La palabra cáncer todavía es un tabú que debería dejar de serlo. Y como todavía lo es, palabra y enfermedad, sigue siéndolo su más feliz desenlace: la vuelta a la normalidad. Empecemos a contarnos lo que nadie nos cuenta”.

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