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“No es la tecnología la que nos deshumaniza, sino el uso que le damos”

A Luis Martín (Zaragoza, 1990), desde que era niño, lo dominaba el impulso irrefrenable de desmontar sus juguetes para mirarles las tripas. No le divertía tanto jugar con ellos como entender su funcionamiento. Y, si era posible, cambiarlo, transformarlos en otra cosa, añadirles funciones, posibilidades. Inventarlos de nuevo. Pronto se dio cuenta de que quería ser eso, inventor, y casi al mismo tiempo reparó en que el sistema educativo no tiene marcado ningún itinerario para hacerlo. Así que, antes de nada, para hacerse inventor primero tendría que inventarse a sí mismo. Luis será uno de los ponentes en el evento multiconferencia De los Pies a la Cabeza.

  • Usted ha dicho: “Soy inventor desde que tengo memoria”. ¿Inventar es una vocación, un impulso?
  • Era lo típico de que tus padres de niño te preguntan qué quieres ser de mayor. Yo siempre decía inventor. Cuando en Navidad me regalaban cosas, jugaba con ellas un par de días, pero enseguida pasaba a desmontarlas, las mezclaba para intentar que funcionaran. Por ejemplo, con nueve años me regalaron el robot Transformer de los Power Rangers. Me gustó y tal, pero al día siguiente ya me parecía que no hacía gran cosa: solo avanzaba adelante y atrás, ni disparaba misiles ni nada. Así que un fin de semana en mi pueblo lo destrocé y empecé a rehacerlo con un coche de radio-control y una torreta que lanzaba proyectiles. En mi cabeza todo eso tenía que funcionar maravillosamente: la verdad es que no funcionó nada. Mi madre me dio un bofetón (risas), pero de ese proceso aprendí que inventar es duro y que muchas veces las cosas no funcionan a la primera. Y guardo el robot de recuerdo.
  • El fracaso está en no intentarlo, más que en no lograrlo…
  • A veces cuando intentaba que las cosas funcionaran no lo conseguía. Después, seguía y en un momento dado, empezaban a funcionar. No de la manera debida o perfecta, pero al menos ya iban y eso es un avance. Pero es que además siempre hay que intentar mejorar lo que ya has conseguido. No conformarte con un cinco. En la Universidad arreglé el freno de mi bicicleta con celo y la gente se reía de mí y me decía que me lo iban a robar, pero yo estaba contento porque funcionaba. Cuando acabé la carrera y conseguí mi primera impresora 3D, me diseñé mi propio modelo de sujeción y lo mejoré. Y el año pasado hasta me inventé mi propio freno de luz, conectado al móvil, y lo puse. Pasé de comprarme el freno y me hice el mío propio.
  • Desmontar todo es un impulso muy humano: como intentar entender qué hay más allá de lo evidente, cómo funciona el mundo.
  • Claro, claro. Mi padre tenía un taller de electricidad y eso me ayudaba a aprender. Cuando desmontaba algo, entendía cómo funcionaba, entendía lo eléctrico y lo mecánico… pero al final siempre me encontraba con una de esas pequeñas cucarachas negras que son los chips, y no podía acceder a ellos. Eso fue lo que me empujó a estudiar ingeniería electrónica, para intentar entender eso que se me escapaba.

Luismartin conferenciante delospiesalacabeza

  • ¿El inventor se inventa a sí mismo?
  • Es complicado. Desde que, de niño, al acabar una cena familiar, empiezas a mezclar los líquidos de las copas, le echas colacao a ver cómo reacciona y creas un mejunje que tus padres te amenazan con que te lo tengas que beber… ahí ya sientes que la cosa va a ser difícil. Y lo es. El mayor foco de invención para mí han sido los videojuegos. En la vida real es difícil hasta que tu padre te deje un martillo y unos clavos, para evitar que te hagas daño. Así que los videojuegos eran el único ámbito en el que podía dar rienda suelta a las cosas que se me pasaban por la cabeza. Mi infancia la pasé con juegos de fantasía en los que podía ser un herrero, un peletero o lo que se me ocurriera. Eso me permitía ensanchar los límites.
  • ¿Es un problema del sistema educativo o es que el inventor siempre tuvo fama de ser un tipo frívolo o loco?
  • Un poco de todo. La suerte que yo tuve es que, en el momento en el que me di cuenta de lo que quería hacer, aparecieron open-source y el movimiento maker y eso me permitió meterme en ello porque ahí había gente que quería hacer lo mismo que yo. Y la única barrera era el esfuerzo, las horas de trabajo y la energía que le pusieras. Si llego a salir de la carrera en 1990, no sé qué habría hecho. Entonces los laboratorios estaban dedicados a uso militar o uso educativo y no te podías salir del abecé que te planteaban en las prácticas de la Universidad; y en casa lo máximo que te dejaban hacer era molinillos con marquetería.
  • Los inventos parecen cosa del pasado. Pero ahora se les llama I+D+i, de la innovación se habla más que nunca y las ideas aún son la unidad base del progreso.
  • Hay quien dice que las ideas lo son todo y otra gente que sostiene que no son nada. Yo soy partidario de que una idea es lo máximo, pero tiene que estar asociada a un proceso de trabajo que la materialice. Ese proceso es lo que te convierte en inventor. El principal problema es que no sabes en quién fijarte, no hay modelos o gente a la que seguir.
  • ¿Ahora a los inventores se les llama emprendedores?
  • A veces me dicen emprendedor, pero yo me siento más innovador, porque la faceta del negocio no me interesa tanto. Me gusta crear algo y que eso le pueda servir a la gente, pero no hay ejemplos así en España: nuestros inventores son Juan de la Cierva y su hijo, pero ellos han basado sobre todo sus inventos en crear patentes. Tenían 250 patentes… A mí eso no me llama, ni tengo las posibilidades económicas, ni las herramientas ni los contactos para hacer algo así. Fuera sí que hay referentes. En EEUU, en eventos y ferias, todos los chicos me cuentan que su padre tiene un garaje, mil herramientas que usar y con las que montarse, yo qué sé, un coche de carreras… En España eso es impensable, salvo que lo hagas en tu pueblo con una Vespino a la que le cambies el embrague.
  • ¿Ese rechazo a las patentes puede ser entendido como altruismo?
  • Tampoco creo que sea altruismo. A mí me gusta poder vivir del trabajo que hago, crear mis propias cosas y que la gente pueda usarlas. Eso no quita que haya una empresa que comercialice lo que mi equipo y yo hacemos, pero patentar inventos no es mi objetivo. Que un organismo decida que algo es de alguien solo por haberlo construido, para mí carece de lógica. Me parece una barrera brutal. Imaginemos que alguien se pone a trabajar para crear una máquina del tiempo y le lleva 10 años: que solo eso impida ya que otra persona pueda hacerlo al mismo tiempo me parece inconcebible.
  • ¿Cuál es la alternativa en un mundo de competencia tan feroz?
  • El código abierto me parece una buena respuesta. Licenciar un invento, que al final es ponerle una patente, pero de uso, y licenciarlo de forma gratuita, que nadie se lucre por usar esa licencia, me parece una locura y creo que es el futuro. En el mismo momento en el que tú licencias tu proyecto, todo el mundo pasa a saber que es tuyo. El block-chain consiste en eso: descentralizar el conocimiento, la información, las patentes… y que todo el mundo sepa quién licenció eso primero y evitar las copias, ahí radica un gran poder.
  • Estos son tiempos de iniciativas colaborativas y de descentralización del poder…
  • Es eso de que todos juntos valemos más que uno solo. Ahora mismo el mayor poder de innovación está en la ciudadanía, o al menos al 50%. Hay desarrollos que salen de grandes empresas todavía, pero cada vez más la mayoría son de makers, gente de a pie que publica y lleva adelante sus investigaciones.

Luis Martin delospiesalacabeza

  • ¿Los inventos nos ayudan a progresar o a deshumanizarnos?
  • No es la tecnología la que nos deshumaniza, sino el uso, la aplicación que de esa tecnología haga el ser humano. Nosotros abogamos por un uso más humano de la tecnología. Evitar interfaces visuales, como las pantallas… Muchos de los proyectos que estamos sacando son juguetes para niños, que buscan que trabajen con formas físicas, con cubos, cuadrados… y que esas formas tengan un alto componente tecnológico de interacción. Tenemos que ser conscientes de qué es la tecnología y adonde nos va a llevar si la usamos mal. Aunque, la verdad… el ser humano es así y pararlo es difícil. Hay que tratar de adaptarse de la mejor manera y que las aplicaciones que creemos sean tecnología amable.
  • ¿La tecnología para la independencia? Pero si siempre nos quejamos de nuestra dependencia de la tecnología …
  • Es que la tecnología existe para hacernos independientes de algunas tareas. Lo que pasa es que muchas de las aplicaciones que nos aporta la tecnología van dirigidas al ocio, y eso crea dependencia. Las nuevas tecnologías llaman mucho a la juventud, es verdad, pero igual que antes hubo otros avances que enganchaban a otras generaciones. Hay un punto de frenada y es el de la adicción, como a cualquier otra droga.
  • Si algo es la tecnología hoy día es fugaz, ¿no?
  • Siempre hay un hype muy fuerte, más corto o más largo, pero luego las cosas se quedan obsoletas pronto y lo que no se renueva, deja de gustar. Por ejemplo, la realidad aumentada, que ya ha tenido varios picos; los juegos Pokemon y el Pokemon go fueron una fiebre, pero ya están decayendo. Al final todo acaba siendo una ola que pasa. Es muy difícil que una tecnología dure tanto como para convertirse en uno de los ejes de nuestra vida. Es irreal pensar que vamos a acabar conectados a una máquina de realidad virtual y no vamos a volver a salir jamás de casa.
  • Acabemos con una frase suya: “No basta con ser bueno, hay que ser el mejor”.
  • La competencia es brutal. Es verdad que, si tú tienes una idea, nadie más la va a tener, pero seguro que hay alguien que la va a tener parecida. Así que lo único que puedes hacer es ponerte a trabajar en ella, porque seguro que, si te despistas y la dejas a un lado, mientras tanto alguien va a hacerlo. Ese trabajo es la diferencia entre lo que saldrá adelante y lo que no. Si tú quieres ser el mejor, tienes que serlo desde el primer momento.

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