• Home
  • /Blog
  • /“No te quedes en el intento: haz las cosas, aunque te equivoques”

“No te quedes en el intento: haz las cosas, aunque te equivoques”

En 2015, mientras cubría la guerra en Siria, Antonio Pampliega (Madrid, 1982) fue secuestrado por Al Qaeda junto a otros dos compañeros periodistas, Ángel Sastre y José Manuel López. Separados después, Antonio pasó gran parte de esos 299 días en soledad. Estuvo a punto de suicidarse y vivió un simulacro de ejecución. Liberado en mayo de 2016, relató su terrible experiencia en un libro titulado ‘En la oscuridad’, a partir del diario que escribía para su hermana pequeña durante el cautivero. Antonio será uno de los conferenciantes en el evento multiconferencia De los Pies a la Cabeza.

  • ¿Tienes la sensación de haber vivido dos vidas en una?
  • Hay un antes y un después del secuestro, para bien y para mal. Hay traumas que me van a quedar para toda la vida, y que aunque los trabaje voy a tenerlos. Y hay una parte positiva: una lección que no voy a olvidar jamás. Ahora valoro mucho más estar con mi familia. Antes anteponía mi trabajo, pero ahora intento pasar más tiempo con ellos y hago menos viajes y más cortos. En mi vida ahora priman muchas cosas.
  • ¿Cómo te cambia estar tan cerca del límite de la vida y luego emprender una nueva existencia?
  • Cuando yo creía que me iban a ejecutar, eso para mí suponía una liberación: iba a dejar de sufrir, de pasarme los días llorando, inmerso en el miedo. Y cuando pensaba que se iba a acabar todo… comenzó mi nueva vida. Asumir eso es complicado y lleva tiempo. Al principio entras en un estado de euforia, pero después tienes que trabajarlo poco a poco, porque hay que volver al mundo real, al mundo del que te han privado durante 10 meses. Se puede salir de todo, se puede vivir con ello… de hecho debemos vivir con ello. Con todo lo que nos pase.
  • Vivir con nuestras propias circunstancias, no de ellas ni contra ellas…Libro Eduardo Pampliega
  • Mi vida no se acabó con el secuestro y espero que dure mucho años. Hay que gestionar las circunstancias, claro… y el ser humano puede con todo. Jamás pensé que sería capaz de aguantar un secuestro, pero lo aguanté y sobreviví. Tenemos que vivir con lo que nos ha tocado. Yo conviví durante 299 días con la posibilidad de que me mataran. Nadie está preparado para morir, yo tampoco lo estaba, pero al final lo acabas asumiendo, te adaptas y te preparas. No te puedes bajar del mundo. Tienes que vivir con las consecuencias de lo que te ocurre. La gente piensa que no, pero podemos salir de cosas que pensamos imposibles. El mensaje tiene que ser siempre positivo. Siempre. No hay que rendirse jamás. Jamás. Y lo dice una persona que se rindió y que se tiró al suelo a morir.
  • ¿Hace falta llegar a un punto extremo, ver que somos mortales, para sacar esa fuerza?
  • Todos vamos a morir. Cuando empecé a trabajar en zonas de conflicto, fue lo primero que asumí: que podía morir. Mueren soldados, civiles, doctores, periodistas… Sabía también que me podían secuestrar, porque ya había pasado. Pero cuando te ocurre, todo se ve desde otro prisma. Por eso, uno de los mensajes que yo quiero lanzar a la gente es: que se preparen para morir, pero que lo hagan con alegría, entre comillas. Hay que vivir cada día con alegría porque esto se puede acabar mañana mismo.
  • ¿Cómo asumió durante el secuestro tener conciencia de eso?
  • Pensaba en todo lo que me había perdido. Pensaba en las cosas que no había hecho con mis padres o mis hermanos. Viajes que no había hecho con mi hermana pequeña… Pensaba en eso y pensaba que a lo mejor no lo recuperaba nunca. Hasta que no estás en un momento crítico no te das cuenta. Y no, no puede ser. Yo recordaba todo el tiempo el abrazo que le di a mi padre el 8 de julio de 2015, cuando me dejó en el aeropuerto. Y echaba de menos ese abrazo porque no sabía si podría volver a dárselo. Lo que realmente importa en la vida es disfrutarla, con la gente que te quiere, y no perder ninguna oportunidad.
  • Decimos que tenemos miedo a morir, pero a menudo a lo que tenemos miedo es a vivir, a hacer cosas…
  • Aquí no hay vuelta atrás y llega un momento en el que reflexionas qué has hecho con tu vida, y mucha gente se lamenta de haberla malgastado. Yo tengo una teoría: hazlo o no lo hagas, pero no te quedes en el intento. Y sobre todo, no te arrepientas de no hacer las cosas… hazlas. Simplemente, hazlas aunque te equivoques. Pero parece que este mensaje no cala hoy día, porque la gente no quiere exponerse… y al final se da cuenta de que arriesgarse merece mucho la pena.
  • ¿Merece la pena arriesgarse en zonas de conflicto? ¿Qué mueve a ir ahí?
  • A mí lo que me mueve es que no soy partidario de los datos. No me gustan los números, porque detrás de cada número hay una persona. Con mis fotos, mis vídeos o los textos pongo rostro a esos datos, a esos números. Donde la gente ve a un niño soldado, yo veo a un niño: con sus miedos, sus inquietudes, que te dice que lo han obligado desde los 16 años a estar en un puesto de control en Aleppo, y si tiene que matar, matará… Pero él lo que quiere es ir al cole. En un hospital de Mogadiscio no veo los datos de la hambruna, a niños que mueren de hambre. Veo a madres que han perdido tres o cuatro hijos y no lloran. Dicen: “Esto es ley de vida: he perdido a varios pero me quedan otros, y si Dios quiere vendrán más. O no”. Los periodistas somos la voz de los que no pueden hablar y los ojos de los que no pueden ver.
  • ¿Y después de ver todo eso, cómo se vive aquí, en una sociedad sin guerra?
  • Cuando vuelves a la cómoda occidente es extraño. Nos enfadamos por cosas nimias, porque tardan en atenderte en un bar o un supermercado… y yo he visto a gente hacer cola durante horas para que les dieran una botella de agua. Son dos realidades opuestas y a mí, por suerte, me ha tocado vivir a este lado.
  • ¿Cómo se concilian esas vidas paralelas en la cabeza?
  • Vivimos dos realidades y cuesta adaptarse. Cuesta volver a eso que nosotros llamamos realidad, pero estamos obligados a hacerlo. Si no, no podríamos vivir en esta sociedad. Eso le ocurrió a Kevin Carter, el fotógrafo sudafricano que sacó la imagen de la niña acechada por un buitre durante las hambrunas de los 90 en Sudán: se acabó suicidando porque no pudo hacerlo. Cuesta mucho, pero hay que hacerlo. Yo nunca seré un afgano, un sirio o un somalí. Ni quiero serlo, con todo el respeto para ellos.
  • ¿Se vuelve uno cínico con nuestra sociedad occidental? ¿O más crítico?
  • Tenemos muchas cosas buenas, pero también muchas malas. Somos una sociedad egoísta, egocéntrica y ególatra… donde lo que prima es uno mismo. Cuando mi traductor en Afganistán vino a España me decía: “Antonio, nosotros somos uno de los países más pobres del mundo, pero no tenemos mendigos en las calles, como vosotros. Porque por la noche, nosotros no dejamos a nadie dormir en la calle, les abrimos las puertas”. Y es verdad: en Kabul no hay mendigos durmiendo en la calle. Son lecciones que nos dan esas sociedades.
  • Somos egoístas, pero la soledad es nuestro mayor miedo…
  • Para mí lo peor del secuestro no fueron las amenazas, los golpes ni la simulación de la ejecución. Lo peor fue estar solo. Al principio éramos tres y nos hacíamos compañía, hablábamos… eso te tranquilizaba. Pero cuando me separaron de mis compañeros, me aislaron, no sabía lo que les había pasado, no tenía con quién hablar… Es muy duro. Ningún ser humano, ninguno, tiene que vivir en soledad. Y pensaba en esos ancianos que están solos en sus casas y llaman a un teléfono para hablar con alguien. Yo estaba solo. No podía salir a la calle y no quería ver ni ver a mis captores cuando entraban. Así que hablaba con Dios, cada día; y le escribía un diario a mi hermana, contándole como era la soledad. Todo para no volverme loco.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*