Primera, a la vista

Hace ya casi 25 años, en octubre de 1994, la FIFA falló un acierto: obligar a todas las ligas profesionales a que el triunfo de un partido pasase de dos a tres puntos como botín para el ganador. La idea era estimular la búsqueda de la victoria y que el premio para quien se contentase de partida con un empate fuese, al cabo, un premio menor. El olor a cerrado que dejó el Mundial de Estados Unidos de ese mismo verano, para muchos el más mezquino en lo futbolístico de los celebrados hasta entonces, impulsó al máximo organismo mundial a la toma de esta decisión.
Más de una generación después, la inmensa mayoría de los que acumulamos cierta experiencia a ambos lados del año 94, convendremos en que se trató de una política más que conveniente. No perfecta, claro. No existen las decisiones perfectas. O si lo hacen, son toda una rareza genética. Para perfeccionarla, quizá habría que recurrir al Bar, con b, porque el punto de partida de la reflexión que se propone bien podría tener su origen en una barra cualquiera. Como muchas de verdadero calado e interés general, por otra parte: el problema no es que nazcan allí, el problema es cuando no somos capaces de hacerlas trascender. Recurrimos a él entonces. No marcamos un rectángulo de plasma para ello. El mecanismo gestual es el siguiente: levantamos un brazo para agarrarnos a la parte superior de un tirador imaginario y, con el otro, semi estirado, hacemos el gesto de cuarto de círculo hacia nuestro propio cuerpo, simulando que estamos tirando una caña. Así se activa el debate en la sala del Bar: tiremos la caña… a ver qué pescamos...

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LaCerca. Foto de portada: Marca (Toni Galán)

LaCerca. Foto de portada: Marca (Toni Galán)

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