Rubíes de colección

Arrancaremos diciendo que el Espanyol ha cruzado su Rubicón, confiando en que el antivirus del portátil no se declare en huelga y se desactive en protesta por los juegos de palabras, a veces, excesivos. Hemos venido a jugar y jugamos, porque nunca habrá gloria sin riesgo, podríamos responder a la aplicación rebelde desde este lado del teclado. Se lo tendría merecido por conspirar a favor de una sociedad cada día más sectaria con las voces divergentes. Pero la frase, aunque se oye y coincide en tiempo y espacio, no sostiene ningún conato de diálogo entre hombre (o mujer, pero en este caso coincide serlo) y máquina. Proviene de Cornellá y la agita, hasta convertirla en el lema de su causa, el Espanyol de Joan Francesc Rubí, quizá el equipo que ha sostenido una propuesta de fútbol más audaz y atractiva durante las ocho primeras jornadas de Liga.

Existe la tentación de equivocar el tiro y destacar que se trata de un equipo de autor, tratando así de elogiar el imponente trabajo realizado por el entrenador catalán hasta la fecha. Quizá lo sea, pero en ese caso la paternidad habrá que atribuírsela y reconocérsela a Oscar Perarnau…

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