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“El rugby mejora todas las vidas que toca”

A Alhambra Nievas (Granada, 1983) el rugby le ha cambiado la vida tres veces. La primera cuando, tras practicar diferentes deportes, empezó a jugarlo en la Universidad de Málaga, donde estudiaba Ingeniería de Telecomunicaciones. La segunda, cuando decidió hacerse árbitro e inició una carrera que la llevó a ser nombrada Mejor Árbitro del Mundo en 2016. Ha pitado una final olímpica y hace poco fue la primera en dirigir un encuentro internacional entre selecciones masculinas. Este tercer episodio le ha adosado una etiqueta -mujer que rompe barreras y se convierte en pionera referencial- que ella comprende, pero a la que le agrega muchos matices que apuntan a un objetivo: la verdadera normalización de la igualdad entre personas. Alhambra será uno de los ponentes en el evento multiconferencia De los Pies a la Cabeza.

alhambra rugby

 

  • Usted siempre dice que la sociedad necesita más rugby. ¿Por qué lo piensa?
  • Vivimos en una vorágine, éste es un mundo competitivo hasta un punto muy poco humano. Producimos para poder consumir y nos olvidamos bastante de lo que tenemos alrededor. Olvidamos que hay más personas y que necesitan nuestra ayuda; y cada uno nos deberíamos dejar ayudar. El rugby, aunque nació siendo amateur y ahora es plenamente profesional, sigue manteniendo los valores originales, su esencia: el respeto, la solidaridad, el trabajo en equipo… y todo eso me parece muy aplicable al ámbito de la empresa o de la educación. Les pedimos a los niños que saquen las mejores notas, pero nos olvidamos de inculcarles otras cosas que son muy necesarias.
  • Habla de trabajo en equipo, un mantra en la sociedad y la educación de hoy.
  • En el rugby puedes tener al mejor jugador del mundo, pero eso no te asegura tener un buen equipo ni ganar títulos. Y ahí es donde entra esa conciencia de tener que acoplarte a tus compañeros, escuchar otras opiniones, a veces ceder en tu perspectiva para lograr un objetivo común. Todo esto se produce de forma natural. En mi equipo en Málaga solemos decir: “Soy porque somos”. Nadie es por sí mismo. Todos somos lo que somos porque formamos parte de algo más importante que el propio individuo.
  • Hay otro valor del rugby que nos interesa: el respeto al rival y al árbitro.
  • La primera vez que mi abuelo me vio arbitrar me dijo: “Oye, estos muchachos no rechistan nada de lo que dices”. Entiendo que debería ser así: algo no estamos haciendo bien cuando la gente se sorprende de que se respeten tus decisiones y no haya una actitud agresiva. El rugby es un ejemplo de eso: los jugadores, el público, los entrenadores entienden que sin el árbitro no se puede jugar. Que al árbitro hay que tratarlo como a un igual, con respeto, y hay que comunicarse con él de forma empática.
  • Otro término muy necesario en las relaciones sociales: la empatía.
  • El rugby promueve esa empatía, esa relación entre iguales. Esto es importante y extensivo a los árbitros: nosotros también debemos tener la autoridad suficiente para mantenernos siempre al mismo nivel de los jugadores, nunca ponernos por encima. El silbato y el reglamento no deben romper esa igualdad. Y todo esto, para quienes practicamos el rugby, no se queda en el campo: lo extrapolamos a nuestra vida diaria.
  • En el fondo estamos hablando de comunicación asertiva.
  • Hay que decir lo que uno piensa, pero sabiendo cómo se dice, porque eso va a influir mucho en cómo lo reciba la otra persona. Y según cómo se haga la cosa no funcionará.
  • Alhambra Nievas ha roto barreras, dicen. ¿Usted cómo se percibe a sí misma?
  • Yo nunca he hecho nada pensando en ser la primera. Todo lo que he hecho ha sido la consecuencia de un proceso que yo he entendido como natural. Es normal que, como son cosas que no han sucedido antes, te otorga una responsabilidad y la condición de pionera. Pero yo, siendo consciente de que he contribuido a romper barreras, nunca he tenido por objetivo hacerlo. Lo he hecho naturalmente.
  • “Todo lo que hago -dice Javier Hernández en sus conferencias- lo hago porque es posible y natural, no porque sea un héroe”.
  • Cuanto más natural hagamos algo y cuanto menos hablemos de la diferencia entre que lo haga una mujer y que lo haga un hombre, más nos estaremos tratando como iguales. Más igual me haré yo a mí misma si creo que lo estoy haciendo porque trabajo y porque rindo, no por mi género. Es cierto que esto ayuda a romper ciertas estructuras, ciertos muros mentales, y eso es una alegría, sobre todo porque genera oportunidades para otras personas. Pero si se queda en que lo haga uno o lo hagan dos, se diluye y no va a ningún lado.
  • Aquí hay un asunto interesante: la atribución automática de un mérito por el hecho de ser diferente.
  • Hay mucha gente que me dice: “Tienes más mérito por ser mujer”. Y creo que eso no es tratarte como igual. ¿Por qué tengo más mérito que otro compañero que es hombre y que hace lo mismo que yo? A mí no me gusta tener ni más ni menos mérito: lo hago como persona y rindo como persona. No quiero que me den más mérito por el simple hecho de ser mujer.
  • Otro paralelismo con nuestro mensaje: hacer todo con todos… esa es la verdadera igualdad.
  • Entiendo la reacción, pero es que yo vengo de una familia en la que he visto a mi padre y a mi madre hacer de todo, los dos lo mismo: no era que mi madre hacía la comida y mi padre arreglaba el coche. No. Entonces, a mí nunca me ha sorprendido ver arbitrar a una chica, por ejemplo. Si tú tienes normalizadas estas cosas en tu vida, pues lo ves normal. En el rugby las chicas y los chicos juegan junto hasta los 16 años, hay chicas que son capitanas, tienen puestos importantes en el equipo… y todo eso hace que para ellos sea normal. Cuanto menos diferencia hagamos con estas cosas, más igualdad real tendremos.
  • Es un camino muy largo, este de entender la verdadera igualdad y practicarla.
  • Hay gente que me dice: “Tú estás ahí por ser mujer”. Y yo pienso… bueno, ¿y el trabajo que hay detrás? Porque al final lo que te lleva ahí es tu trabajo. Si no tienes disciplina, trabajo, constancia… ser mujer no te sirve de nada. Es la discriminación positiva vista de una forma negativa: se le quita valor a lo que una mujer hace. Por fortuna al final la gente entiende que, si no trabajas y no eres bueno, da igual que seas un hombre, una mujer o un caballo.
  • A menudo miramos a las personas, pero no vemos a las personas.
  • Está de moda convertir todo en algo diferente y ponerle una etiqueta. Que yo pite un Finlandia-Noruega masculino para mí es lo más natural, un partido más. Entiendo el bombo que se le dio, pero digo… ¿por qué? Así nunca nos vamos a tratar como iguales, porque no me estás tratando igual que a otro compañero que ha pitado la semana anterior un Noruega-Suiza. Entiendo que durante un tiempo es necesario, pero tendemos a destacar las cosas por su peculiaridad. Oye: somos personas. Sin más. Es igual pitar a hombres que a mujeres, no hay ninguna diferencia. Es rugby. Y el rugby es rugby. ¿Por qué nos gusta tanto marcar la diferencia?
  • ¿Es cierto que el rugby es un deporte inclusivo por naturaleza?
  • En el rugby se acepta a todo el mundo, todo el mundo tiene su sitio, todo el mundo se siente valorado. Todo el mundo tiene un rol que cumplir, que a veces es deportivo y a veces es social. Y eso se corresponde con el hecho de que cada físico encuentra su posición, cada uno tiene habilidades diferentes y sus habilidades encajan en el campo y tienen su continuidad fuera del campo. Todo esto tiene un gran valor en una sociedad cada vez más competitiva, que siempre te dice lo que tienes que hacer. Por eso todo el mundo se queda en el rugby.
  • Engancha, dicen quienes lo han conocido desde dentro…
  • Creo firmemente que el rugby mejora todas las vidas que toca. La dinámica que encuentras en un equipo no la he visto en ningún otro deporte: te complementa, te da habilidades sociales… Hay muchos casos de vidas difíciles que, a través del rugby, han encontrado un camino mucho más positivo y más esperanzador.

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