Señales y etiquetas

En uno de nuestros tránsitos por Ciudad de México, el pasado mes de mayo, nos llamó la atención una imagen. Se trataba de una señal de prohibición de estacionamiento de vehículos, una realidad cotidiana y común en cualquier ciudad. Pero sobre ella alguien había adosado una pequeña pegatina con esta leyenda: #SeBuscaGenteLibre.

se-busca-gente-libreDespués hemos conocido algo más acerca del movimiento ciudadano que hay tras esa búsqueda, una iniciativa de alcance transversal que apela a valores sociales, económicos y políticos. Todo para promover, declaran en su misión, el “pleno respeto a la libertad y propiedad de las personas”.

Para nosotros, a primera vista, la iniciativa estaba despojada de su fondo argumental, que aún desconocíamos. Pero la registramos simplemente impulsados por el carácter inspirador de su enunciado: a veces cuesta mucho ser libre, ser uno mismo, en una sociedad empeñada en categorizar y controlar.

Queriéndolo o no, la pegatina sobre el metal resumía dos fuerzas en aparente contradicción: la normativa pública frente al impulso ciudadano. Es obvio que hace falta regular los espacios públicos y que el respeto cívico es una de las bases ineludibles de nuestra vida en sociedad. Pero esa señal de “prohibido estacionar” tenía, para nosotros, un significado metafórico: nos hizo pensar en la necesidad vital de no quedarnos parados, estacionados… y en que la búsqueda de la libertad personal (“se buscan personas libres”) debería ser un objetivo ineludible para todos.

Desde ese punto de vista, la imagen nos sugirió una apelación al empoderamiento individual, a la plena autonomía personal. Propuesta que se alinea con algunos de los mensajes nucleares que lanzamos desde De los Pies a la Cabeza.

Lo hace, por ejemplo, con el juego de preposiciones que Javier Hernández propone en sus conferencias: el objetivo de vivir cada uno con nuestras propias circunstancias, no contra ellas ni tampoco de ellas. No esperar que sean los demás, la sociedad o los poderes públicos, quienes nos faciliten el camino que nosotros mismos renunciamos a hacer. Debemos vencer los miedos porque son los que nos impiden vivir. Y reclamar las condiciones que nos autoricen a hacerlo: las externas, claro, que dependen de su edifcación social; pero también las íntimas, que cada uno debe construir consigo mismo.

Más allá de los necesarios recursos públicos para ayudar y rescatar a personas y colectivos en situación de necesidad, individualmente debemos plantearnos que la (relativa) dependencia no impide la (total) independencia: un fondo de obligatoria rebeldía contra la comodidad autoimpuesta, contra las zonas de confort, contra los falsos techos que nos levantan desde fuera o que construimos desde dentro…

También, y desde luego, contra las etiquetas que nos quieren definir, clasificar, secuestrar. Es curioso, pero a veces el combate contra las etiquetas se hace, precisamente, con etiquetas: las de las almohadillas que definen hashtags en las redes sociales. O la que aparece en esa otra señal de prohibido que compone el logo de nuestro ciclo social: Hasghtag…aquí. Una iniciativa que busca optimizar la individualidad para optimizar al colectivo. Un esfuerzo, que debe ser diario, para erradicar las etiquetas y dejar paso a las personas.

Personas libres.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*