Un cangrejo en casa

Desde que Diamanká conmocionara al zaragocismo con su gol decisivo en los pasados playoffs de ascenso a Primera División, La Romareda se ha convertido en el patio de recreo preferido por casi todos los equipos de la categoría. 27 puntos, de los 42 puestos en juego como local esta temporada hasta la fecha, se han evaporado en una hemorragia que situaría al conjunto aragonés en puestos de descenso a Segunda B si únicamente computaran los puntos en casa y que lo condenan a ya sólo preocuparse por sumar los 48-50 necesarios para conservar la categoría.
El enfoque de arranque es irrebatible, pero es parcial. Claro que esta sonrojante tendencia le pone las coordenadas a la árida localización actual y que, duplicando los registros como anfitrión, acumulando 28-30 puntos de 42 y no 15 -como firman Mallorca, Alcorcón, Málaga, Deportivo, Cádiz, Albacete y Granada-, se estaría a nada y menos del sexto puesto. Pero decimos que es parcial, y pedimos disculpas porque el titular hace referencia a ello y no a la globalidad del asunto, porque aquí el defecto es más causal que circunstancial. El trauma no está en el dónde, sino en el qué: en muchas de las decisiones que se han tomado desde el pasado verano… y bien entrado el otoño. Si bien, no deja de ser traumático que un feudo con 27.000 abonados termine suponiendo todo lo contrario al jóker que debiera ser.
No hablaremos demasiado de Verdasca, porque siempre intentamos señalar más allá de lo que ya se ve sin necesidad de mirar, porque su último partido se valora por sí mismo y porque aquí hubo una enciclopedia de textos que no se explicaban, y pedían explicaciones, el ostracismo que secuestraba a Álex Muñoz mientras se le entregaban las llaves de la defensa al muy imperfecto central portugués. En esos dos meses largos de castigo otoñal a Muñoz -no por este único motivo, claro-, el Zaragoza dinamitó su estimulante arranque y se precipitó por un acantilado que nadie preveía; ahora ya sólo parece quedar el deseo de salvarse cuanto antes y el ruego de que quien tomara aquella decisión, no tome ninguna más mientras siga en el club. Con la mesiánica llegada de Guitián y Dorado, Muñoz debe ser el tercer central de la plantilla y ante la baja de cualquiera de ambos, como ocurrió este domingo, ha de formar pareja con el que quede de los dos, aunque se junten dos zurdos, aunque tenga que jugar con máscara, aunque lo deba hacer con antifaz. Porque si no, ni siquiera con la versión más heroica de Cristian Álvarez, bastará.
No bastó la antológica parada del portero argentino, ante un disparo abajo y a quemarropa, que le negó al delantero almeriense como sólo niegan los mejores. Quien estuviera en ese momento en La Romareda convendrá en que no existe ni un gramo de exageración si decimos que incluso Gordon Banks, recientemente fallecido, se hubiera puesto de pie para aplaudir una acción que rozó los límites de lo humano. Eso hizo toda la grada, coreando el nombre de Cristian, dedicándole una ovación sostenida y aplaudiéndole de nuevo cada vez que entraba en juego durante los minutos siguientes, en un ejercicio de reconocimiento sin precedentes para un arquero en este campo. Veremos cómo nos las arreglamos para que continúe la próxima temporada, porque se hace difícil imaginar cualquier ataque futuro al ascenso sin él bajo palos, pero parece todavía más inimaginable contener el interés de otros clubes teniendo su contrato una cláusula de desenganche de apenas medio millón de euros. El argentino está, desde hace tiempo, para ocupar una portería notable de cualquiera de las ligas más sobresalientes y hasta para recibir la llamada del seleccionador de su país, Leonel Scaloni. Si usted piensa que exageramos, elija al azar dos o tres partidos del último año y medio.

AS (foto portada Marca)

AS (foto portada Marca)

 

Víctor Fernández, claro, se eleva como otro de los destacados de esta temporada. Desde su llegada a finales de 2018, también se ha escrito hasta la saciedad, el juego del Real Zaragoza se ha revitalizado extraordinariamente y se merece la inmensa mayoría de los elogios que recibe. Pero, claro, como a todos, le cabe alguna voz disonante a su propuesta. Y aquí la disonancia -bendita hemeroteca- se alzó desde el primer partido tras su vuelta, contra el Extremadura en casa, cuando optó por Álvaro Vázquez como centrocampista por banda izquierda en un 4-4-1-1 que reunía delante de todos a Marc Gual y, unos metros por detrás suyo, a Pombo.
Con la inclusión sistemática de Linares en la alineación, quien todavía no está consiguiendo ofrecer el vuelo que se le presuponía, y las lesiones recientes de Lasure y Javi Ros -ayer estaban ya ambos, pero faltaba el sancionado Eguaras-, Víctor está optando por estos sistemas alternativos en lugar de por su preferido 4-3-2-1, porque sin Lasure faltaba el lateral izquierdo con proyección al que desalojarle toda la banda para que la fatigue con sus constantes proyecciones, como frecuenta Benito por el otro lado; y sin Ros o Eguaras es más difícil ensayar un trio de centrocampistas centrales que gobiernen el medio y permitan sostener este dibujo arbolado, donde Álvaro podría ser referencia o bien flotar, junto con otro compañero, por detrás del nueve.
La alternativa a esta idea original, la que convirtió Fernández en marca registrada durante toda su trayectoria, ha sido este 4-4-1-1 citado, o 4-2-3-1 según la apreciación de cada uno, donde la principal falla se encuentra en orillar a Álvaro Vázquez a la banda izquierda del centro del campo. Chirrió durante el comentado reestreno de Víctor en el banquillo aragonés, y ahí se creyó que se trataba de un exceso pasajero, motivado por su deseo de juntar el mayor número de atacantes en la alineación. Más de dos meses después, se ha convertido en una poco recomendable costumbre… Álvaro se esfuerza, es generoso, sacrificado, busca la mejor solución para el conjunto y nunca se quitaría la camiseta al ser sustituido por mucha ansiedad y frustración que acumulase, porque él no se pone por delante del colectivo. Pero Álvaro no debe jugar más en esa posición en ese sistema, porque no es bueno para el equipo ni es positivo para él. Su pierna izquierda es un recurso insuficiente para darle brillo a una posición que una de cada dos veces -o más- va a exigirte encarar, salir para fuera y poner un centro con la zurda. Ahí se cortocircuita casi todo, Linares siempre sale de foco de un posible centro debido a esta falta de fluidez, y Aguirre -ayer quizá en su versión más imprecisa- sigue acumulando demasiados minutos en el banquillo, cuando es el único jugador especifico en toda la plantilla para esa posición, y su ida constante multiplicaría la amenaza de un equipo que apostase por él y por reunir a dos delanteros en el área. Es el único jugador porque Papu lleva una vuelta entera, sino más, siendo Pupa y sintiendo más dolor en el tobillo que en su amor propio.
Quizá Víctor apueste por Álvaro porque es más fiable en el repliegue defensivo y seguro que sabe mucho más que el firmante, pero este oficio se ideó para contribuir desde la reflexión propia. Y la reflexión es que, contra el Almería y también contra Osasuna, Álvaro y Linares debieron reunirse arriba en un 4-4-2 con Aguirre y Soro por las bandas. El próximo domingo, en Granada, si no hay lesiones durante la semana, Víctor podría regresar a su preferido 4-3-2-1, acercando a Álvaro al área y a Linares, y aguardando a si los recursos por la ridícula roja a Soro triunfan y ésta queda desautorizada para completar con él, y muy probablemente sin Pombo -quien debía ser guía y anda perdido en su propio laberinto-, un once para competir en el feudo nazarí y para, posteriormente, cambiar la dinámica en La Romareda.
El calendario dice que es aquí donde debería abrocharse la permanencia. Sonaría bien para casi cualquiera, menos para el Real Zaragoza de esta temporada, malherido por su costumbre de dar un paso adelante y dos para atrás como local: de ser un peligroso cangrejo en su propia casa.

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