Daroca deja un mensaje que resuena
No todas las cárceles son iguales, por dentro tampoco. Algunas se creen más la reconstrucción personal de los internos para su mejor reinserción social posterior o, al menos, le dedican más cariño y más iniciativas. El centro penitenciario de Daroca, donde llevamos ingresando voluntariamente desde 2023, es uno de ellos.
Su apuesta por la cultura y por la educación es ejemplar. Quizá sea porque intuyes que no vas a tardar en salir, pero descubrir su aula formativa, su muy cuidada biblioteca y los 13 años que ha estado vigente su Festival de cine Daroca&Prison genera un escalofrío mucho más profundo que el que puedas sentir cuando se cierran los barrotes a tu espalda por primera vez.
El 11 de febrero la visitamos por cuarta vez y la sala se quedó pequeña. Vinieron incluso varios funcionarios y la charla empapó a los asistentes desde el primer momento. El mérito fue de ellos y de quienes trabajan todos los días por un proceso que demuestra dejar huella y que es capaz de propiciar mensajes espontáneos tan emocionantes como el que compartimos en la siguiente imagen.



