La filosofía de la acción: levantarse, aprender y centrarse en lo posible

Lecciones de la filosofía de la acción

Hay ideas que solo cobran sentido cuando se viven, y hay acciones que solo transforman cuando nacen de una reflexión profunda. En ese punto donde pensamiento y movimiento se encuentran, surge una forma de vida más coherente y más humana.

Esa es la propuesta de Javier Hernández Aguirán, impulsor de la Fundación De los pies a la cabeza: unir la filosofía y la acción para construir una vida con propósito.
Como él mismo resume: “la acción necesita de la filosofía para despegar, y la filosofía requiere de la acción para aterrizar.” No es pensar o hacer, sino pensar para orientar y actuar para encarnar.

Lecciones de la filosofía de la acción

Antes de entrar al detalle, piensa estas lecciones como puentes entre lo que reflexionas y lo que haces. Desde la mirada de Javier Hernández Aguirán, recorreremos tres ejes muy concretos —pensar para actuar, aprender de la derrota y centrarse en lo posible— para que cada idea se traduzca en un paso aplicable aquí y ahora.

Lección 1: Pensar para actuar, actuar para pensar

Esta lección explica cómo Javier enlaza su historia con un mensaje que el público puede llevarse puesto, convirtiendo la reflexión en motor de acción.

Convertirse en el “centro de la estrella”

Javier plantea que la acción vertebra una historia de vida —en este caso, la suya— y que la filosofía acompaña, da lenguaje y dirección a esa experiencia.

La conferencia no es un relato unilateral: los mensajes “se proyectan” y “son compartidos por cada uno de los asistentes”, “convirtiéndolos irremediablemente en el centro de la estrella”. Es decir, cada persona deja de ser espectadora y pasa a protagonizar su propia historia a partir de lo escuchado y vivido.

Un círculo virtuoso entre reflexión y movimiento

La propuesta es sencilla y exigente: pensar para actuar y actuar para pensar. Detenerse un segundo antes de moverse no es frenar, es cargar de sentido el siguiente paso. Y volver a pensar después de actuar no es dudar, es aprender.

Así, cada decisión, cada esfuerzo y cada ensayo tienen detrás una convicción: la vida se construye desde la reflexión, pero se transforma desde el movimiento.

Lección 2: La derrota como maestra de la victoria

Aquí se recoge la mirada de Javier sobre el vínculo entre perder y ganar, entendidas como experiencias que se explican mutuamente.

Dos caras de una misma moneda

Victoria y derrota no son mundos separados; son dos caras de la misma moneda. No existe una sin la otra. Solo quien ha perdido muchas veces entiende el verdadero valor de ganar. Por eso, levantarse no es negar la caída, sino integrarla: aceptar que el fracaso no resta, sino que enseña.

La victoria gana profundidad cuando incorpora lo aprendido al caer; la derrota pierde su poder de bloqueo cuando se mira como tránsito y no como etiqueta.

La derrota como maestra de la victoria

“Still I Rise”: levantarse con sentido

Javier lo resume evocando un lema compartido por dos grandes campeones —Lewis Hamilton y Serena Williams—: Still I Rise (“Aun así, me levanto”). La frase condensa una actitud: el miedo a fallar paraliza más que la derrota misma.

Caer puede doler, pero quedarse inmóvil duele y estanca. Levantarse con sentido significa aprender del tropiezo y volver a actuar con más claridad y propósito, dentro y fuera del deporte, en el trabajo y en la vida entera.

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Lección 3: Enfocarse en lo posible, no en lo que falta

Antes de la lista, una breve introducción: esta lección aterriza el enfoque práctico que Javier repite como principio de acción cotidiano.

Javier lo dice sin rodeos: “todo lo que hago, lo hago porque es posible.” Y es posible porque desde siempre le han enseñado —y él ha elegido— centrarse en lo que tiene y no en lo que le falta.

No hace falta que exista una discapacidad visible para comprenderlo: “hasta que no nazca el ser humano perfecto, todos tenemos imperfecciones.” Ante ese hecho, propone una regla simple y poderosa: “dedicar más tiempo a cada solución que a cada problema, porque si un problema tiene solución…” el foco debe estar en construirla.

  • Mirar lo disponible. Contar con lo que hay hoy —talento, apoyo, tiempo, herramientas— en lugar de girar alrededor de la carencia.
  • Asumir la imperfección. Nadie es perfecto; reconocer límites no es rendirse, es situarse para avanzar.
  • Invertir la energía en soluciones. Dejar de alimentar el problema y pasar a crear maneras de resolverlo, aunque sean pequeñas.

Los tres pilares de esta propuesta se sostienen y se potencian entre sí. Reflexión que impulsa la acción (pensar para orientar y actuar para encarnar), resiliencia que aprende (victoria y derrota como maestras mutuas) y enfoque en lo posible (mirar lo que sí tenemos y dedicar más tiempo a la solución que al problema). No son ideas abstractas: son una manera de estar en el mundo.

La invitación es concreta: revisa cómo piensas, cómo actúas y cómo afrontas los retos. Pregúntate hoy cuál es el paso posible con lo que tienes, por pequeño que sea, y da ese paso con sentido.

Si celebras, que la alegría te recuerde por qué empezaste; si tropiezas, que el aprendizaje te recuerde para qué levantarte.

La verdadera victoria no está en no caer, sino en saber levantarse con sentido y mirar hacia lo posible.

 

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