Los 30 no son ninguna condena

La mañana siguiente a visitar a los jóvenes del Teresa de Calcuta visitamos Valdemoro, de la mano de la entidad social Solidarios, en lo que supuso la novena colaboración con ellos desde 2017 y nuestro trigésimo ingreso voluntario en un centro penitenciario desde que lo hiciéramos en enero de ese mismo año en Alcalá-Meco: una experiencia tan transformadora que nos impulsó a vertebrar un ciclo social que hoy nos define más que ninguna otra cosa.
Esta visita matinal a Valdemoro fue menos eléctrica que la iniciática en Meco, donde hasta 200 internos abarrotaron su salón de actos para la ocasión. Las colaboraciones con Solidarios -tanto aquí como en Navalcarnero o en Soto del Real- son más íntimas, ante un reducido y atento grupo de unos 25 asistentes con el que ellos trabajan todos los sábados.
Suelen ser experiencias muy nutritivas, donde siempre se va por voluntad propia, porque nadie recibe beneficios penitenciarios adicionales más allá de la actividad. Quien va lo hace con la mejor de las predisposiciones y el coloquio posterior suele deparar algún escalofrío feliz por poder realizar este trabajo.

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