Un botín tras el motín

Dos semanas antes de nuestra semestral visita al centro de menores de Juslibol de Zaragoza se produjo una multitudinaria reyerta entre una decena de internos y varios miembros de seguridad del centro, quienes fueron apoyados por refuerzos externos minutos más tarde. La situación, según reconocen los que allí trabajan, fue la más tensa y peligrosa en año y medio.
Cuando nos tocó ingresar de nuevo, a mediados de febrero, las advertencias de seguridad no fueron pocas, si bien la realidad que nos encontramos fue muy parecida a la de las -diez- veces anteriores: un grupo de jóvenes con las revoluciones algo elevadas que, poco a poco, fueron dejándose envolver por el relato de la charla hasta conectar por completo con ella y canalizar cada reflexión hacia su propia realidad.
No hubo una partida final al FIFA como en la anterior ocasión, seguramente porque el premio de los videojuegos estará confiscado por una temporada, pero también hubo tiempo para interaccionar con ellos, resolverles las dudas que pudieran tener y crearles momentos de convivencia positiva que puedan transferir a lo mucho -y ojalá bueno- que todavía les queda por vivir.

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