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“Nadie debería creerse mejor que nadie, ni tampoco peor”

A Raúl Ruiz (Logroño, 1966) el fútbol le cambió la vida, pero no su esencia. Pasó de jugador modesto a periodista estrella, pero siguió siendo el mismo: lo demuestra cada uno de sus trabajos desde hace más de 20 años, recorriendo el fútbol pequeño, rescatando historias personales, subrayando la superación, el éxito que nunca hará titulares y la experiencia del deporte como herramienta de formación personal. Y así ha logrado un estilo propio, pionero, que es una extensión de su personalidad. Raúl será uno de los ponentes en el evento multiconferencia De los Pies a la Cabeza.

  • A Raúl Ruiz le cambió la vida un viaje.
  • Sí, la historia la sabe todo el mundo. Yo jugaba en el Numancia y disputamos una eliminatoria de Copa del Rey con el Barcelona, en cuartos de final. En la ida habíamos empatado y para el partido de vuelta, Canal+ me dio una cámara de videoaficionado para que grabase el viaje del equipo e hiciera una especie de montaje con todo lo que ocurriese durante esa experiencia. Y como yo tenía mucho desparpajo, pues les hizo gracia lo que grabé. Lo emitieron y, después, me propusieron incorporarme a la televisión para hacer reportajes de fútbol con ese mismo tono. Así que pasé de jugar al fútbol, en un equipo modesto y después de pasar muchas penurias, a hacer reportajes, tener que buscarme la vida para los temas, editarlos… Fue increíble, pero como el día a día te empuja adelante yo nunca me paré a pensar en ello. Y hasta hoy.
  • Aquí hablamos con gente que ha vivido varias vidas en una. Repasemos las suyas en círculo: delineante nacido en un barrio obrero, después obrero del fútbol modesto, más tarde futbolista reportero y, finalmente, reportero del fútbol de barrio. ¿Alguna vez ha tratado de objetivar esa trayectoria, de planificarla?
  • Todo ha ocurrido de forma absolutamente natural. Nunca llegué a pensar nada así, ni cuando grababa aquel reportaje para Canal+ pude intuir que mi vida terminaría como ha terminado. Es verdad que fui delineante, pero nunca llegué a ejercer: creo que hice cuatro planos en mi vida. Me dediqué al fútbol y en el fútbol siempre las he pasado canutas. Yo creo que eso me ha dado cierta sensibilidad para contar las cosas de la forma en que lo hago: desde el punto de vista de la superación, de la denuncia, de la solidaridad. Cuento el futbol que practican millones y millones de personas, el fútbol de verdad. Y estoy encantado de hacerlo, es una gran satisfacción contar historias humanas.
“En el fútbol las pasé canutas, y eso me ha dado una sensibilidad distinta para contar historias humanas, de superación y solidaridad” Clic para tuitear
  • ¿Raúl Ruiz sabe lo que es la zona de confort?
  • No tengo ni idea. Afortunadamente ahora estoy disfrutando mucho con lo que hago, y eso me resulta confortable. Pero también es verdad que soy una persona a la que le gusta hacer las cosas bien, porque soy así, no me permito acomodarme… Soy muy feliz con el trabajo que hago.
  • “Creemos que tenemos miedo a morir, pero en realidad de lo que tenemos miedo es de vivir”, suele decir Javier Hernández. Se refiere a la valentía, a hacer cosas, aceptar retos. Usted aceptó uno y cambió su vida…
  • Sí, pero fíjate que en ese momento, cuando me lo propusieron y acepté, no fui consciente del reto al que me enfrentaba. Quizás también por mi forma de ser, porque siempre he intentado disfrutar de todo. Si estoy jugando una pachanga, disfruto como si fuera la última. Con una comida, con una cena con amigos… cualquier cosa: lo disfruto porque pienso que a lo mejor es la última. Y quién sabe, puede que lo sea.
  • Sus reportajes hablan de fútbol… pero en el fondo usted habla de las personas, de sus historias y sus vidas. ¿Qué aprende de ellas?
  • Muchísimo. Gracias a mi trabajo he conocido a muchas personas y he aprendido mucho. Por ejemplo, de Javier Hernández: cuando lo conocí, cuando vi su vitalidad, de lo que era capaz… me sentí una mierda. Gracias a Dios he conocido a muchos Javis, en Africa, en Sudamérica, en muchos lugares distintos. Gente con una vitalidad, con unas ganas de hacer cosas por los demás, que me hacen reflexionar. Él me hizo reflexionar.
  • ¿Y de esa reflexión qué mensaje nace?
  • Pues mira, el fundamental es este: yo creo que nos complicamos mucho, pero al final la vida es muy sencilla. Yo lo baso todo en la tolerancia, que me parece un valor fundamental. Nadie debería creerse mejor que nadie, ni tampoco peor que los demás. Porque no lo somos. A veces a mí me preguntan por programas, no sé, como El Chiringuito, y la gente me dice que yo hago mejor periodismo… pero siempre contesto lo mismo: respeto todo lo que hace todo el mundo, cada profesional elige y todas las opciones merecen respeto. Yo creo que estoy siendo honrado con lo que hago, pero cada persona debe ser feliz con lo suyo y con su conciencia.
  • Dijo Kapuscynski: “Los cínicos no sirven para este oficio”. El periodismo está lleno de cínicos, pero Raúl es lo contrario.
  • Cuando la gente me conoce en persona, suelen decirme: “¡Pero si eres como en la tele!”. Muchas veces la imagen que se proyecta en la televisión de un personaje público es falsa: parece un tío que cae bien y luego resulta que es un borde. Yo no puedo hacer eso porque yo soy como soy. Porque jamás tuve intención de trabajar en la televisión. Llevo ya 21 años en el medio y he contado las cosas de forma natural. Si no eres como apareces, no serás creíble. No hay que perder de vista esto: si estás en la tele es gracias a la gente que te ve. Ni más ni menos. Y por eso a la gente hay que respetarla.
  • ¿Qué oculta en lo personal ese acercamiento permanente al lado social y modesto del fútbol?
  • Es una forma de corresponder. He pasado bastantes penurias jugando al fútbol. Es lo que te ocurre en la Segunda División B, esa categoría que no sabes si es semiprofesional, amateur o qué. He estado sin cobrar, sin poder pagar el alquiler. Entonces, me identifico con esos equipos y esos jugadores que pasan por el programa, por Caos FC. Si tengo la capacidad de poder ayudar, de echarles una mano, lo hago. Cuando llegué a la televisión, mi jefe me dijo: “Oye, que aquí no somos una ONG, esto es televisión y tiene que entretener e informar”. Y yo le dije: bueno, si podemos entretener, además informamos y encima ayudamos a la gente, para mí es el círculo completo. Y es lo que intento. No es que llegue a los sitios con el objetivo de ser ningún mesías, pero si puedo ayudar, lo hago. Me identifico mucho con la gente.
“Si además de informar y entretener la televisión puede ayudar a la gente, a mí me parece que el círculo es perfecto” Clic para tuitear
  • Con su periodismo usted parece proclamar: no todo en la vida es competición y oropel y riqueza. La realidad es mucho más prosaica.
  • Afortunadamente, gracias a lo que sea, me ha llovido un programa como Caos FC, en el que Michael Robinson y yo vamos a visitar equipos de regional, que juegan en campos de tierra, con historias humanas, que practican el fútbol por amor al arte. Equipos profesionales hay 40, pero al resto del mundo el fútbol les cuesta su tiempo y su dinero. Juegan por amor al juego, a los colores del equipo del pueblo; o para que los niños no se queden sin deporte. El mayor piropo de mi vida me lo hizo Robinson. Me dijo: “Yo he jugado siempre en campos de hierba en Inglaterra, y en grandes equipos. Pero tú, Raúl, has vivido el fútbol de verdad, yo no”. Dicho vulgarmente: yo en un programa como Caos FC estoy como cerdo en barro, me lo paso de maravilla.
“El mayor piropo de mi vida me lo dijo Michael Robinson: “Raúl, yo siempre he jugado en campos de hierba y grandes equipos… pero tú has conocido el fútbol de verdad” Clic para tuitear
  • Y muestra lo mejor que tiene el deporte.
  • No maldigo el fútbol profesional, no digo que no tenga que haber gente como Cristiano, como Messi. Eso son referencias. También los actores se fijarán en las estrellas, mientras actúan en teatrillos. Pero lo que no puede ser es que tú pienses de niño en el dinero que vas a ganar cuando seas futbolista. Hay que jugar por pasión al deporte. Mirar a las estrellas no por el dinero que ganan, sino por cómo juegan. Si no conoces lo bueno, no vas a distinguir lo malo.
  • A veces tememos que los aficionados vivan una ficción en la cual los futbolistas profesionales juegan a ser sus ídolos… cuando en realidad solo están cumpliendo un papel que no sienten realmente.
  • El aficionado ve la rivalidad entre los equipos y los jugadores, pero después los futbolistas son compañeros y en muchos casos amigos y se llevan bien. No hay más que ver lo que pasó con Casillas y Xavi, por ejemplo. Al aficionado le parece que se tienen que odiar, pero su realidad no es así. Como futbolista profesional ganas cosas, pero también pierdes otras. Hace poco estuve con Julio Baptista, el ex jugador brasileño del Real Madrid o el Sevilla, y me contaba que a los 37 años quiere seguir jugando al fútbol, pero para disfrutar como cuando empezó. Algo parecido le ocurre a Michael Robinson: que un día vamos a conocer a un equipo en La Puebla de Alfindén, en Zaragoza, y al día siguiente está en el Barcelona-Madrid… Y me dice: “Pues me lo paso mejor en La Puebla”.

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