Más allá de la inclusión: la mirada de Javier Hernández Aguirán sobre el potencial humano

Más allá de la inclusión: la mirada de Javier Hernández Aguirán sobre el potencial humano

Un mensaje que interpela a todos: no es solo sobre discapacidad. Javier Hernández Aguirán no habla “para unos pocos”. Habla para cualquiera que quiera mirarse de frente. Integrante y embajador de la Fundación De los Pies a la Cabeza, subraya que su propuesta no va solo de discapacidad: va de capacidad y de cómo la activamos en la vida diaria; su mensaje sobre la inclusión no busca conmover por compasión, sino mover por convicción.
Idea clave para abrir el foco: “Mis conferencias son para todos; todos tenemos algo que superar.” No importa el punto de partida: lo que define el camino es la actitud con la que damos el siguiente paso.

Romper los conceptos tradicionales: inclusión vs. integración vs. normalidad

Antes de entrar en matices, una breve guía: aquí no se discuten palabras por capricho; se discute mirada, porque la mirada decide cómo actuamos.

Javier invita a revisar el lenguaje que usamos. “Inclusión” parece sugerir que hay un “dentro” al que otros deben ser admitidos. Su apuesta es distinta: construir una cultura donde nadie necesite ser “incluido” porque ya forma parte desde el inicio. Esto no es semántica: es una llamada a repensar etiquetas y expectativas.

En ese sentido, cuestionar cómo entendemos la inclusión ayuda a desmontar jerarquías invisibles.

  • Inclusión como “hacer sitio” puede, sin querer, colocar a unos como anfitriones y a otros como invitados.
  • Integración desde el principio rompe esa jerarquía: no “te dejo pasar”, sino “somos parte del mismo conjunto”.
  • La normalidad deja de ser una medida rígida y se convierte en un rango amplio de formas de estar y aportar.

El cambio verdadero no consiste en abrir una puerta que nunca debió estar cerrada, sino en diseñar la casa para que nadie tenga que pedir permiso.

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La capacidad como brújula: centrar la mirada en lo que sí se puede

Antes de la lista, una nota corta: esta sección toma el corazón del mensaje de Javier y lo vuelca en práctica cotidiana.

La brújula no es la limitación; es la capacidad. Lo que cambia la experiencia no es solo lo que el cuerpo puede o no puede hacer, sino lo que creemos posible de nosotros mismos.
Frase guía: “Tu mayor limitación quizá no sea tu cuerpo, sino lo que crees de ti mismo.”

Romper los conceptos tradicionales: inclusión vs. integración vs. normalidad

¿Cómo se aterriza esto en el día a día?

  • Nombrar recursos. ¿Qué sí tienes hoy? (conocimientos, relaciones, herramientas, creatividad, tiempo).
  • Definir el aporte. ¿Qué valor concreto puedes sumar en este contexto? (claridad, constancia, perspectiva).
  • Actuar con lo disponible. No esperes el escenario ideal: usa lo que hay y ajusta sobre la marcha.

Cuando pones el foco en capacidades, la inclusión empieza por dentro: en la forma en que te miras y eliges moverte.

Responsabilidad personal: no esperar que otros hagan el camino

Antes de los puntos, recuerda el tono que propone Javier: humano, sí; pero retador. No delegar en otros lo que te toca a ti.

La responsabilidad personal empieza por no delegar en otros lo que te toca a ti. Que existan estructuras por mejorar no excusa la inacción: lo que depende de ti, empieza hoy.

Desafía las expectativas —ajenas y propias—; intenta, prueba, corrige. Menos queja y más acción: la queja describe, la acción transforma. La autonomía no significa ir solo, significa ser autor de la parte que sí controlas. Desde ahí, la inclusion también se construye con cada decisión que abre espacio real al talento.

Los desafíos como parte del viaje: el valor del esfuerzo individual y colectivo

La perseverancia no es un atributo “de las personas con discapacidad”; es un oficio humano. Todos nos caemos; todos nos levantamos.

Los desafíos forman parte del viaje y la perseverancia no es patrimonio de nadie: es un oficio humano. Caemos y nos levantamos, una y otra vez. El avance nace de un doble movimiento: por un lado, el esfuerzo individual de sostener la práctica, afinar lo que funciona y aprender de lo que no; por otro, el acompañamiento del entorno, que revisa procesos, accesos y mentalidades para que el talento circule sin peajes absurdos.

Sin acción personal no hay progreso, pero sin contextos que no estorben y, mejor aún, que impulsen ese progreso se encarece. La inclusión real no es un gesto puntual, es un ecosistema que hace viable que el potencial florezca; cuando ambas piezas encajan, la inclusión deja de ser eslogan y se convierte en práctica cotidiana.

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Lo imposible solo lo es hasta que se logra

Este no es un discurso para aplaudir y olvidar; es una invitación a revisar creencias y moverse distinto. La tesis es simple y poderosa: la verdadera inclusión aparecerá cuando dejemos de pensar en “hacer hueco” y empecemos a vivir desde el potencial compartido. El punto de inflexión ocurre cuando asumes tu parte: cómo te miras, qué decides, de qué modo actúas.

Hoy, date dos minutos y pregúntate:

  • ¿Qué etiqueta estoy usando que me limita a mí o a otros?
  • ¿Qué capacidad concreta puedo activar en mi contexto esta semana?

Recuerda el latido del mensaje de Javier: no se trata de lo que “falta” para encajar, sino de lo que sí podemos aportar para construir juntos. Lo imposible suele resistirse… hasta que se hace. Entonces deja de ser imposible y pasa a llamarse realidad. Cuando eso ocurre, la inclusión ya no se reclama: se vive.

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