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«El día que dejas el fútbol te enfrentas a un abismo de sensaciones radicales: es un aprendizaje muy duro»

La foto canónica de la Quinta del Buitre, la famosa generación madridista, tiene a Miguel Pardeza, uno de sus miembros fundacionales, vestido con los colores del Real Zaragoza. Esa disonancia siempre ha parecido un anuncio de la personalidad del que fuera jugador crecido en el Real Madrid, campeón con el Zaragoza, mundialista en Italia 90 y retirado en México. Pardeza siempre fue eso que ahora se llama verso libre, alguien que violentaba los límites del estereotipo en un universo como el fútbol, en el que los esteretotipos se confunden con cánones. Y estos, con verdades absolutas. Nacido y educado en una familia humilde de La Palma del Condado, en Huelva, persiguió desde niño su sueño de futbolista con innegociable empeño; pero con la misma naturalidad con la que alimentaba sus otros perfiles: siempre lector, siempre futbolista, estudioso,  intelectual, director deportivo, comentarista, ahora escritor… Un regate constante a las etiquetas. Si alguien trata de hacerle una foto como parte de un grupo preconcebido, él siempre aparece vestido con una camiseta distinta. Pardeza será uno de los ponentes del evento multiconferencia De los Pies a la Cabeza.

 

  • Torneo, tu primera novela, es una narración a caballo entre la memoria y la ficción. Ensayo autobiográfico, lo llamas: un género que invita a la reflexión y a la recreación de la propia vida…
  • Sentí al escribirlo que esa era la definición menos injusta para un libro que es ya de por sí singular, raro. No solo por la estructura, sino también por lo que buscaba. Yo creo que si la literatura, como se ha venido defendiendo desde el siglo XIX, tiene que ser un reflejo de la realidad, no se puede obviar que las realidades son cambiantes. Me parece que intentar reflejar la vida hoy en día de una persona solo desde el realismo, despreciando otros enfoques, no resulta válido. A mí me gusta escribir integrando géneros, pero no por post modernidad, sino porque creo que es la mejor forma de reflejar la vida que a mí me interesa y en la que me desenvuelvo. No discuto que puede parecer chocante, pero creo que uno debe buscar los elementos que reflejen su propia particularidad. Hay gente que cuenta y recrea de maravilla las vidas ajenas y otras ficticias, pero honestamente no es mi caso.
  • Esa forma de acometer la escritura te permite en Torneo la digresión, la reflexión que se escapa de la trama y que se asemeja, tal y como lo asocias tú, a esa estructura libre de creación que el jazz permite en torno a un tema central.
  • El jazz es quizás la música de la modernidad por antonomasia. La vida no tiene un continuo inquebrantable. La vida de cualquier persona se conforma a través de idas y venidas, de ausencias e incorporaciones permanentes. La vida no es un discurso inamovible. Hay una línea, melodía esencial sobre la que se van produciendo diferentes variaciones. Por eso me parecía una asociación legítima, en el sentido de que tanto el free jazz como esta forma de escribir se ajustaban un poco a lo que yo entiendo que es la existencia de cada persona: una serie de repeticiones a partir de las cuales se incorporan variaciones.
La vida no es un discurso inamovible, se conforma a través de idas y venidas, de ausencias e incorporaciones permanentes. Es como el jazz: una melodía esencial sobre la que se van produciendo diferentes variaciones. Clic para tuitear
  • Hay un primer episodio en el libro que es el de tu deshidratación de bebé, que casi termina en tragedia… No sé si es creación o recreación de algo ocurrido de verdad. En todo caso parece un buen punto de partida: vivir es sobrevivir, por decirlo de algún modo, con naturalidad, casi sin saberlo. Como un bebé.
  • Eso que cuento ocurrió realmente, es una anécdota cierta que me sucedió con dos años. Quería partir de ahí, haciendo una especie de juego freudiano: intentar sentar una base conflictiva desde el arranque del libro. De qué manera circunstancias y experiencias de las que ni siquiera tenemos recuerdos -lo sucedido me lo contaron mis padres- han podido marcar nuestro destino como personas. Ya incluso desde la cuna. Siempre me ha dado por pensar que ese hecho, que fue real, pudo haberme marcado. Y en verdad no sé si lo hizo o no, porque la psicología no es una ciencia exacta. Pero me permite explicar algunas cosas de las que sí he sido consciente a lo largo de mi vida y que en cierta forma relaciono con aquello. Quizás explique algunas de mis preocupaciones más habituales y atormentadas en la vida.
  • Uno tiene la tentación modelar la memoria del hijo con un relato de todo ese tiempo que él nunca recordará. Porque tal vez eso le ayude a conocerse mejor o a entender mejor a quienes estamos a su alrededor.
  • La forja de la personalidad de cualquier individuo parte de una laguna en muchos casos impenetrable: los primeros años de vida, en los que nuestro desarrollo intelectual es puramente emocional. Todos partimos de una insuficiencia informativa que, al fin y al cabo, es muy importante: nuestros primeros pasos en el mundo, nuestro primer contacto con la realidad, con los demás seres humanos. Y no tenemos ninguna conciencia de lo que ha pasado. No sé si tener un relato pormenorizado, un diario de nuestro infancia, serviría de algo o no, porque el conocimiento tiene algo fundamental: que vincula las emociones y la experiencia con la reflexión. Pero como experimento sería bueno. Me recuerda un poco a El Libro de Manuel, de Cortázar, que se puede vincular con esto que hablamos: el intento de crearle al pequeño una conciencia que en el futuro le ayude a conocerse mejor a sí mismo.
  • Esto enlaza con otra reflexión que haces en los primeros capítulos de Torneo: la forja de la identidad personal en los años de la adolescencia, un periodo potencialmente terrible y clave, y al que nos enfrentamos desarmados. Y rechazando ayudas.
  • El tener que ser no es una elección. Nadie venimos aquí a ser algo concreto en la sociedad. No hemos venido a vivir en sociedad siquiera, porque eso es un hecho puramente humano. Un niño, cuyas necesidades son primarias durante años, de repente en la adolescencia se ve forzado a tener que convertirse en algo, ser alguien, y ocupar un lugar muy determinado dentro de la sociedad. Ese proceso, esa lucha, no resulta nada fácil. Cada uno busca su acomodo partiendo de circunstancias inamovibles: la apariencia física, la familia en la que has nacido, el estatus social en el que te mueves. hay condicionantes no siempre fáciles de superar. Así que es un momento muy crítico… La suerte es que, en general y aunque siempre existirán grandes inadaptados, casi todo el mundo termina adaptándose. Pero ese tema, esa transición siempre me preocupó. Yo lo viví en primera persona porque en mí, en ese periodo de adolescencia, se produjo un cambio muy brusco: el que supone abandonar con 14 años tu casa, la seguridad del hogar, para irte no al pueblo de al lado, sino a una gran ciudad como Madrid, con gente distinta… Y con la obsesión del triunfo, que terminó provocando grandes desarreglos emocionales. Esa es la historia de Torneo, la crónica de ese viaje del sueño a la pesadilla. Al menos yo lo veo así. Por eso conforme el libro avanza todo se hace más abigarrado, más denso, el tiempo se alarga y todo se oscurece. Y la escritura sufre ese cambio conforme el personaje pasa del sueño a la pesadilla.
Siempre he estado en el fútbol y siempre rodeado de libros, así que era a mí al que le parecía chocante que los demás lo vieran como algo raro. No entendía por qué eso llamaba la atención. Clic para tuitear
  • Del sueño a la pesadilla. Esto llama la atención, porque al futbolista siempre se le mira desde la perspectiva de su triunfo y desde ideas preconcebidas que Miguel Pardeza nunca cumplió.
  • A mí se me tiene por un contrapunto, porque el contrapunto tiene el origen de un prejuicio. Es verdad que en ocasiones hay un cierto fundamento en esa idea que se tiene de los futbolistas, no lo puedo negar. Pero se parte del prejuicio de que un futbolista es un ser frívolo, superficial e infantil, sin inquietudes de ningún tipo. Cuando yo defiendo al futbolista lo hago no de forma corporativa, sino desde el punto de vista de la razón. Un futbolista no es ni más ni menos que cualquier otra persona. Mi perfil choca con esa idea: en general, extraña que alguien que es profesional del fútbol muestre interés por la cultura o por los libros. Pero para mí, siempre lo he dicho, era algo natural. He estado siempre en el fútbol y he estado siempre rodeado de libros, así que era a mí al que le parecía chocante que eso se viera como algo raro. No entendía por qué llamaba la atención. En mi siguiente libro, que estoy a punto de terminar, hay una parte no te diré que reivindicativa, pero sí conmemorativa: intento disculpar todo esto, basándome en algunos autores muy conocidos que, además de ser primeras figuras de la cultura, también mostraron una gran predilección por el fútbol.
  • Por suerte todo esto ha cambiado bastante, ¿no?
  • Creo que sí, pero insisto: puedo entender el prejuicio hacia niños de veintitantos años, que son ídolos y dan la sensación de no mostrar muchas inquietudes. Pero en realidad no lo hacen ni más ni menos que otros muchos jóvenes y no tan jóvenes en otros muchos ámbitos de esta sociedad, que no se distingue precisamente por su nivel cultural.
  • Hay otra cosa que se pasa por alto: cristianos messis son la excepción, no la norma. Y además, la gente no tiene en cuenta la ferocidad y la exigencia del proceso acelerado de maduración de un deportista de élite, en un mundo tan atrozmente competitivo.
  • Es un mundo privilegiado, sí, pero un mundo en el que para poder triunfar se necesita partir de unas condiciones excepcionales. La impronta del deportista de élite implica una serie de características físicas y mentales muy particulares. Además, hablamos de un número muy reducido de gente, elegidos en una masa informe y monumental de muchos que quieren llegar al mismo sitio. Y hay otro aspecto: la necesidad imperiosa de que esa ambición se ejecute cuando apenas tienes 15 o 16 años. Los futbolistas parecen mayores en el campo, pero son gente muy joven y han vivido un cursillo acelerado de maduración. Se enfrentan a desafíos y cuestiones que normalmente no afrontan los chicos y las chicas de su edad. Yo tengo hijos en los 20 años y lo veo: acabaron los estudios, cumplen sus primeros años en el mercado laboral… Mientras, a los 19 años un futbolista ya se está planteando cuestiones de mucho calado, que no le corresponden por su edad. Eso puede provocar un cierto dislocamiento en el proceso de maduración de una persona.
  • Hablemos de libros, otros libros. Y de lectura. Un ensayo publicado hace poco, ‘Contra la lectura’, en el que Mikita Brottman combate la idea preconcebida de que la lectura hace mejores personas de por sí.
  • Está claro. La lectura en sí ni hace ni deja de hacer. Los que la convierten en buena o mala son los lectores. Si te lees El Anticristo de Nietzsche te puedes volver un ateo radical o reforzar tus propias creencias sobre Dios. No he leído el libro al que te refieres, pero entiendo ese planteamiento a la contra…
  • En estas entrevistas ya hemos hablado del fomento de la lectura, su importancia y los planes de lectura escolares. ¿Generan rechazo en lugar de animar? 
  • Aquí hablamos de dos factores distintos. Por un lado el fomento de la lectura, que debería ser el objetivo final: lo primero para lograr fomentar la lectura es hacerla agradable para el lector. Y por otro lado está la necesidad de implantar un programa de referencia en un plan educativo. Es verdad que en España, a veces también por cuestiones nacionalistas o por una distorsión de la idea de la educación, siempre se nos ha hecho leer a los clásicos españoles. La realidad es que son una maravilla, o muchos de ellos lo son: El Lazarillo, La Celestina, el mismo Quijote… Claro si eso se lo metes a un niño sin su capacidad comprensiva totalmente desarrollada, se va a enfrentar a un lenguaje con siglos de antigüedad y le va a plantear dificultades. Puede espantarse y llegar al equívoco de que leer sea eso. Hay que buscar el equilibrio, porque el fomento de la lectura a la carta seguramente tampoco sería operativo desde el punto de vista metodológico. Algún orden hay que poner. Pero, al mismo tiempo, que haya un catálogo lo suficientemente amplio como para que todo el mundo pueda acercarse a la lectura y se cumpla el objetivo. Yo no empezaría el fomento de la lectura por La Celestina, desde luego, aunque sea una obra maestra.
  • Tú tienes una biblioteca copiosa y diversa. ¿Cómo afrontaste ese reto formativo, educativo, que es insuflar el ánimo por la lectura en tus hijos?
  • En casa de mis padres no había prácticamente ningún libro. Yo tengo muchísimos. Mis hijos leen, yo creo que más que la media. Y mi hijo, por ejemplo, empezó con los libros de Harry Potter, cuando tenía a su alcance miles de clásicos. Yo jamás me opuse a ello. Se leyó los tochos de Juego de Tronos… Y de ahí ha ido pasando a otras cosas, con el tiempo demanda otro tipo de lectura, porque ya tiene dentro el gusanillo. La lectura es una especie de contagio, de infección, que hay coger de manera sana desde el principio. Es verdad que hay lectores tardíos, pero lo lógico es asociar la lectura con la felicidad y el placer.
  • Hoy es J. K. Rowling o Tolkien, como antes Alejandro Dumas o Julio Verne…
  • Por supuesto. Y los comics, que para mí fueron muy importantes en mis años adolescentes. Esa literatura agradable nos animó en su momento a pasar a otras cosas.
Los futbolistas son gente muy joven que viven un cursillo acelerado de maduración. Se enfrentan a desafíos y cuestiones que normalmente no afrontan los chicos y las chicas de esa edad, y eso puede provocar dislocamientos de la personalidad. Clic para tuitear
  • El otro perfil que nos interesa de Miguel Pardeza es el del tránsito de esa vida triunfal del futbolista al abismo de la vida post profesional.
  • No hablaría solo de los futbolistas. Hablaría del deportista profesional en general. El futbolista, con treintaipocos años, tiene que tomar una nueva dirección en su vida. Y eso no es fácil, por varias razones. Hay algo que es difícil de explicar y todavía más difícil de contar: es posible que muchos futbolistas no sean capaces de hacer otra cosa en su vida que no sea jugar al fútbol. Eso no los exime de tener que abrirse otro camino, están obligados a ello porque el imperativo de la edad les impide seguir practicando aquello que es lo único que saben hacer. Pero la situación plantea un desafío terrible. Aparte de la incapacidad natural, que puede existir, hay otras circunstancias: cuando uno se quiere incorporar a la vida normal, lleva un desfase importante con respecto al resto de personas de su generación, porque los demás por lo general ya trabajan desde hace años. Y hay otro factor, muy importante: muchos de ellos, la gran mayoría, no han tenido en cuenta que eso vendría y no se han preparado adecuadamente, porque a lo mejor ni siquiera tenían claro qué hacer, y porque la vida de futbolista es muy absorbente. Así que podemos decir que es un abismo, sí: el abismo de estar perdido en un mundo que no te va a perdonar. Sobre estos asuntos trata un poco mi próximo libro, el que trato de culminar ahora.
  • ¿Como se afronta esa ruptura y como afecta?
  • Son muchos desafíos acumulados, en una persona muy joven y que no tiene por lo general mucha experiencia. Y sobre todo algo más, muy importante: todo lo que ha representado tu propia identidad se viene abajo, ya no eres lo que creías ser. Y la gente no va a reaccionar como lo hacía antes, porque ya no eres lo que has sido. Son situaciones críticas. Por eso si uno mira a algunos casos ocurridos en ese periodo posterior, puede quedar sobrecogido: ha habido suicidios, gente arruinada, otros que han caído en la delincuencia. No sé si estadísticamente es relevante, claro, pero a mí sí me parece muy significativo. Pasas de tener todo resuelto, no solo materialmente, sino también en lo que se refiere a la forja de la propia personalidad… a ser un ex futbolista. Es un cambio radical y te encuentras con sensaciones radicales como el olvido, el vacío, la sensación de no servir para nada en la vida. Es un aprendizaje duro.
  • En cierto modo son experiencias que también puede vivir una persona que, pasados los 40, pierde su trabajo y se encuentra que tiene que reciclarse o reinventarse profesionalmente. Es tremendo hasta qué punto el trabajo determina nuestra propia idea de nosotros mismos…
  • Totalmente. Cualquier ruptura genera sensaciones así, es cierto, y entiendo la analogía y cada persona sufre en primera persona su situación. Pero el futbolista está aún más marcado, porque no puede hacer nada que sea lo mismo. Es decir… un profesional de otro campo puede seguir ejerciendo la misma actividad, si encuentra oportunidad para ello. Pero el futbolista no tiene opción, no hay ninguna manera de que alargue su carrera porque se topa con un imperativo irrefutable: físicamente ya no puede. Me importa mucho destacar eso, ese cambio tan brusco que no te permite seguir adelante y todo lo que genera en una persona. Ese componente trágico es la materia alrededor de la cual gira mi próximo libro.

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