Optimiza lo que tienes: dejar de vivir pendiente de lo que falta

Optimiza lo que tienes
Todos tenemos una lista de cosas que nos faltan: más tiempo, más dinero, más confianza, más experiencia, una oportunidad distinta, un cuerpo diferente o una historia más fácil. La lista cambia según la persona y también según el momento que estamos viviendo.Algunas de esas carencias son reales y no tiene ningún sentido negarlas. Hay circunstancias que condicionan, puertas que no están abiertas y dificultades que otras personas no tienen que afrontar. Pensar en positivo no hace que todo eso desaparezca.Pero centrarnos únicamente en lo que nos falta tampoco suele ayudarnos demasiado. Quizá haya una pregunta más útil: ¿qué puedo hacer con lo que sí tengo?

Lo que falta ocupa mucho espacio

Es fácil detectar aquello que no funciona o que nos gustaría cambiar. De hecho, identificar los problemas nos ayuda a buscar soluciones. La dificultad aparece cuando ponemos tanta atención en lo que nos falta que dejamos de ver lo que tenemos disponible.

Una situación puede limitarnos por sí misma, pero también podemos acabar añadiendo otro obstáculo si llegamos a la conclusión de que, como no tenemos determinadas condiciones, no podemos hacer nada. En ese punto dejamos de ver capacidades, personas, alternativas o pequeños márgenes de maniobra que siguen estando ahí.

Optimizar lo que tenemos no significa conformarnos ni dejar de aspirar a algo mejor. Se trata más bien de mirar nuestra situación completa antes de decidir que no tenemos con qué empezar.

Aceptar la realidad no es resignarse

Aceptar una situación puede sonar a bajar los brazos, pero son cosas diferentes. Para poder cambiar algo, primero necesitamos saber desde dónde partimos.

Si negamos una dificultad será complicado adaptarnos a ella. Pero si gastamos toda nuestra energía pensando en lo injusto que resulta que exista, también nos quedará menos espacio para buscar alternativas.

«Esta es mi situación ahora mismo. No es la que quiero y quizá tampoco la que elegí, pero tengo que decidir qué puedo hacer a partir de aquí».

Podemos querer cambiar una circunstancia y, mientras tanto, buscar la mejor manera de convivir con ella. Reconocer un límite tampoco significa convertirlo en la explicación de todo lo que somos.

Tus recursos no siempre parecen recursos

Cuando hablamos de recursos solemos pensar en dinero, contactos, herramientas o conocimientos. Evidentemente, todo eso cuenta, pero tenemos otros recursos que muchas veces ni siquiera identificamos como tales.

Puede ser la paciencia que desarrollamos durante una etapa complicada, saber escuchar, tener facilidad para buscar alternativas o contar con alguien de confianza. También puede ser disponer de una hora libre, haber aprendido de un error o tener muy claro qué no queremos volver a repetir.

Incluso determinadas limitaciones pueden hacer que desarrollemos capacidades que probablemente no habríamos necesitado en otras circunstancias. Eso no significa que debamos agradecer las dificultades ni convertirlas en algo positivo por obligación. Simplemente significa que lo que hemos aprendido al atravesarlas también puede servirnos después.

Por eso, quizá no sea tan importante preguntarnos si tenemos los mismos recursos que otra persona, sino si estamos utilizando los nuestros.

La comparación que sirve es contigo mismo

Una parte importante de la frustración aparece cuando comparamos nuestro punto de partida con lo que vemos de la vida de otra persona.

Vemos lo que alguien ha conseguido, pero no necesariamente todo lo que había detrás: las oportunidades que tuvo, la ayuda que recibió, lo que perdió, cuánto tiempo lleva intentándolo o las dificultades que no vemos. Al final acabamos comparando dos situaciones de las que solo conocemos una parte.

Inspirarnos en otras personas puede ser útil. Nos puede dar ideas e incluso mostrarnos posibilidades que no habíamos considerado. Otra cosa es utilizar constantemente las circunstancias de los demás para medir las nuestras.

Nuestro margen de acción empieza precisamente en nuestra realidad, no en la de otra persona.

Hacer un inventario diferente

Una forma sencilla de cambiar la perspectiva es pensar en un objetivo que realmente nos importe y dividir una hoja en tres partes.

  1. Las dificultades reales. Anota las dificultades que existen, sin exagerarlas, pero tampoco quitándoles importancia.
  2. Los recursos con los que cuentas. Incluye habilidades, conocimientos, tiempo, personas, experiencias, herramientas u oportunidades, aunque algunas parezcan pequeñas.
  3. La siguiente acción. Pregúntate: ¿cuál es la mejor acción que puedo realizar hoy con lo que tengo?

No tiene que ser la acción perfecta ni la que haríamos si las circunstancias fueran ideales. Puede ser aprender algo, llamar a alguien, reorganizar una tarea, buscar información, probar otra solución o simplemente dar un paso más pequeño de lo que habíamos imaginado.

Además, cuando empezamos a actuar aparecen recursos que antes no estaban ahí. Una acción puede darnos experiencia, información, confianza o incluso ponernos en contacto con personas que abran nuevas posibilidades.

Y esos pequeños avances también merecen ser reconocidos, como explicamos en «Celebrar el progreso diario: Pequeñas Grandes victorias».

Optimiza lo que tienes

Una vida no se mide por lo que le falta

Siempre habrá algo que podría ser mejor. Más tiempo, más seguridad, mejores condiciones o simplemente un momento más adecuado. Si esperamos a que todo encaje para empezar, podemos pasar demasiado tiempo esperando.

Optimizar lo que tenemos consiste precisamente en no dejar toda nuestra capacidad para una futura versión ideal de nuestra vida. Quizá ahora no podamos hacer todo lo que queremos, pero seguramente haya alguna cosa que sí podamos hacer.

Y muchas veces avanzar funciona así: hacemos algo con lo que tenemos, aprendemos, ajustamos y volvemos a intentarlo. Poco a poco aparecen opciones que al principio ni siquiera podíamos ver.

No somos únicamente lo que nos ha ocurrido ni aquello que nos falta. También influye lo que decidimos hacer con lo que sigue estando a nuestro alcance.

Por eso, de vez en cuando merece la pena volver a mirar nuestro propio inventario. Puede que no contenga todo lo que deseamos, pero ¿qué recurso estás ignorando que podría ayudarte a dar el siguiente paso?

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