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Un ciclo social para liberarnos de las etiquetas

Las etiquetas nos rodean. Crueles e imprecisas, han tejido su particular e imponente red social, de la que casi nadie escapa y a millones afecta. Pretenden reducir a la persona en un solo concepto, envolverla en una caricatura siempre injusta, y a menudo impropia, de ella misma. De reparto ligero y hasta despreocupado, incorporan toneladas de gravedad, individual y social.

Nos dicen lo que se cree que somos y terminamos por creerlo más que nadie. Nos dicen lo que se cree que es el otro y apenas dejamos que éste sea. Quieren definir, pretenden clasificar y suelen secuestrar. Es un secuestro invisible, que viene de fuera para empadronarse en nuestro interior. Puede que ni se sepa por qué o cuándo nos envolvieron, pero nada altera su ambición de acompañarnos para siempre. Y lo hacen, en su caso, con un muy buen porcentaje de éxito. Maldito porcentaje y maldito éxito.

Creemos en una sociedad que optimice la individualidad del individuo para, por lógica extensión, optimizarnos como colectivo. Creemos en las personas y creemos en cada persona. Acumulamos más de un centenar de experiencias. Sabemos que todos somos distintos, si nos comparamos con los demás, y que ninguno somos una sola cosa. Igual que una vida son muchas vidas en una. Como misión, avanzamos en la dirección contraria a la etiqueta común porque sentimos que es la necesaria. Y aún más, es urgente.

No hablamos de cualquier cosa, lo sabemos. En la mente de cada uno está el futuro de todos. Se trata de cambiarle la corriente a un río, de liberarnos de las etiquetas que reducen y azotan. No hay mayor limitación que los prejuicios y miedos, innatos o inoculados, que habitan en una mente humana. Y es difícil vivir más y mejor que quien ha tenido la valentía de vencer a sus fantasmas.

Nuestro modelo de conferencia está cada vez más valorado en el mercado. Sabemos que no es una tarifa al alcance del ámbito social, ni debe serlo nunca. Muchas veces no hay siquiera presupuesto, como en Alcalá Meco, y ese abismo activa un doble riesgo: sacar de nuestro foco de acción a millones de personas que lo merecen tanto o más que el resto, o atender sólo al corazón y cerrar este proyecto para todos por inviabilidad económica en meses. Como mejor puente, y ajustando nosotros al máximo los números, proponemos a cualquier RSC o similar desarrollar este ciclo por toda España y hasta en el extranjero.

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