Vivir en la solución y no en el problema

Vivir en la solución y no en el problema

Cuando la sabiduría oriental o la cultura indígena americana hablan, conviene atender. Si ambas coinciden, detenerse y dedicar toda nuestra concentración es obligado. Es el caso que nos ocupa. Ambas, con distinto acento e idéntico énfasis, educan en prestarle más atención a la solución que al problema. Sea cual sea.

Comprender el problema para solucionarlo

A cada problema hay que dedicarle todo el tiempo que necesite y, por si acaso, varios ratos más. Sólo comprendiendo todas sus aristas se podrá resolver de veras. Una vez enfocado correctamente, todo el tiempo restante ha de dedicarse a su solución. Humana y modernamente, tendemos a poner una tienda de campaña en las faldas de los contratiempos y nos empadronamos allí. Merezca o no el apuro. Los exploramos por norte y sur, este y oeste; vamos y volvemos sin salir de ellos, desgastándolos sin animarnos a resolverlos, como si se terminase prefiriendo problema conocido que solución por explorar

No renunciar a nada de antemano

No siempre es sencillo entenderlo con la precisión necesaria. En ocasiones, la primera mirada lleva al equívoco. Pongamos un ejemplo. Uno propio, para no tener que ir más lejos. Cualquiera llegaría a la conclusión de que un problema principal en mi vida ha podido ser nacer sin brazos en un mundo diseñado para tenerlos. Sin duda, no es lo mejor que te puede ocurrir… pero está lejos de ser un problema, porque está a la misma distancia de tener una solución. Siempre he creído, porque así me educaron, que el problema no es no tenerlo, sino creer que, porque no los tengo, no voy a ser capaz de hacer nada y evitarme el intento por ello. Y a esa solución, a vivir en el intento permanente y a no renunciar a nada de antemano (de antepie, en este caso), le he dedicado todos mis días.

Dedicar tiempo a la solución

No hagan caso a los guiños seductores de cada problema para que echemos el ancla en él. Aunque quiera convencernos de lo contrario, él no abriga y fuera nunca hace más frío que dentro. Su único arte es el secuestro. El reto está ahí y todos lo tenemos ante nosotros, porque cada uno tenemos nuestros quebraderos y éstos son siempre los más importantes. Al menos, para nosotros. Quien le dedique más tiempo a la solución, estará más cerca de resolver cada problema. Y quien se acostumbre a superarlos, vivirá en un lugar privilegiado: la solución.

 

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