Un proyecto para cada hombre

“Quería contarte que me llamo Emilio -nombre ficticio-. Tengo 53 años, me vengo drogando desde los 17… -la voz se entrecorta por las lágrimas-. Soy un politoxicómano que logra desengancharse por un tiempo, pero siempre termino recayendo. Y si no soy capaz de dejarlo del todo nunca, creo que voy a rendirme y a dejar de luchar. ¿Me podrías dar algún consejo para salir de esta situación?”
Hay charlas donde, por bien que haya ido todo durante la misma, lo mejor llega en su epílogo. Cuando todo ha podido concluir ya si nadie se anima a hacer ninguna pregunta sobre lo compartido. Aquí, en el centro ambulatorio que Centro Solidaridad Zaragoza -Proyecto Hombre- tiene en el barrio de La Magdalena, la confesión pública de Emilio nos sobrecogió y, sin embargo, supimos tocar la tecla adecuada para que su mirada y su ánimo cambiasen de bando.
En esta sociedad tan envenenada por los prejuicios y tan empeñada por debilitarnos teniéndonos permanentemente enfrentados, es un probiótico poderosísimo preocuparnos e intentar ayudarnos los unos a los otros. No hemos hecho -ni haremos- en nuestra vida nada mejor que adentrar esta charla en las mayores profundidades del ámbito social. Quizá lleguemos a menos gente, pero lo hacemos de verdad. De los pies a la cabeza.

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